El Lugar de la Memoria en la mira

El olvido es hipócrita y cobarde; la memoria es crítica y reflexiva. Una sociedad como la nuestra no puede renunciar a la verdad.

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POR: VICENTE ANTONIO ZEBALLOS SALINAS

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, reza una placa en el campo de concentración de Auschwitz I, en Polonia. Del horror de ayer convertido en un museo memorial para nosotros queda un mensaje potente para tomar conciencia de lo que fue el Holocausto nazi y mantenernos en alerta para que estos graves acontecimientos no vuelvan a ocurrir. Sin embargo, aun con el transcurrir de los años, la consolidación institucional de los Estados y los importantes avances en los mecanismos internacionales para la protección de los derechos humanos, queda mucho por hacer; mejor dicho, por no reiterar. Y, si no, veamos el comportamiento de Israel en Gaza.

EL LUM Y LA MEMORIA DEL CONFLICTO INTERNO

El proyecto del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) se inició en 2009, a partir de una donación ofrecida por el Gobierno alemán y con Mario Vargas Llosa al frente de la primera Comisión de Alto Nivel encargada de impulsarlo; finalmente, fue inaugurado en 2015. Un punto de referencia para, liberados de subjetividades, mirar el pasado con la verdad y espíritu crítico, y afrontar nuestro futuro con hidalguía; preguntarnos e intentar responder qué nos pasó durante los aciagos tiempos del conflicto interno; honrar a las víctimas de ambos lados. La violencia política fue cruda y ciega, con la prudencia y compromiso de reforzar nuestra cultura democrática y humanista.

Aunque también es cierto que siempre ha estado en el centro de la polémica: unos denostándolo por considerar que alcanza una versión sesgada; otros, que es muy limitada; y los más, que es una propuesta necesaria, puerta de ingreso a lo que somos y lo que debemos ser como país.

UNA NUEVA CONTROVERSIA SOBRE SU ADMINISTRACIÓN

Con el nuevo Gobierno, dentro de las múltiples contradicciones puestas de manifiesto, expresión de improvisación, el LUM no está ajeno. El ministro de Justicia, Ernesto Álvarez, esta vez reforzado con un pronunciamiento de “juristas”, siempre predispuestos al oportunismo, manifestó que “el LUM tiene la obligación de mantener un relato moderado al servicio de todo el país y no de un determinado grupo político”, por lo que debería depender de su ministerio, alegando que la lucha antiterrorista no tuvo nada de cultural.

No tardó en responder el ministro de Cultura, reclamando las competencias de su sector. Este acontecer no es ajeno a las incidencias políticas a las que ha estado sujeta la dirección de este museo, evidenciadas a través de cambios sucesivos, con secuelas negativas en lo que respecta a la difusión de sus actividades, limitaciones y deficiencias en sus exposiciones.

LA EXPERIENCIA CHILENA

Hace algunos meses visité el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos en Santiago de Chile, luego de diez años de mi última visita, y pude corroborar que, si bien se alternaron distintos gobiernos y distintas tendencias ideológicas, ninguno de ellos tuvo la disposición de alterar su desarrollo, sostenibilidad y mejora. Lo encontré más moderno, didáctico y, en algunos aspectos, innovado; visita obligada de turistas y nacionales, pero, lo más importante, una ineludible referencia para compenetrarse con la historia de Chile.

LA MEMORIA COMO COMPROMISO DEMOCRÁTICO

Manuel Burga Díaz y Salomón Lerner Febres, de intachable compromiso cívico, escribían en un artículo muy sólido y pertinente: el LUM ha contribuido a educar y a recordar de manera equilibrada, sin colocar jamás en el mismo nivel moral a quienes se alzaron contra la sociedad peruana recurriendo al terror y a quienes defendieron al Perú de esa amenaza sanguinaria… La victoria de la democracia y del Estado de derecho es un elemento central del mensaje que el LUM transmite.

Asumamos que es propio de una democracia tener contrastes políticos. No obstante, hay materias que debieran manejarse con un posicionamiento homogéneo; bosquejar perspectivas de desarrollo futuro que se asienten en reconocer nuestra verdad histórica, como realidad y problema, con valores y principios irrenunciables, de respeto a los derechos humanos sin distingos ni superposiciones.

Esa es la labor del LUM: despertar en nuestras convicciones un compromiso con el futuro, que se construya bajo los cimientos de democracia, tolerancia, respeto, igualdad y verdad. El olvido es hipócrita y cobarde; la memoria es crítica y reflexiva. Una sociedad como la nuestra, si bien nos reclama entendimiento y solidaridad, no puede renunciar a la verdad.

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