POR: MIGUEL ARTURO SEMINARIO OJEDA
La historia política del país está llena de sucesos, unos más trascendentes que otros. Al comienzo fueron protagonizados solo por varones; sin embargo, hay mujeres cuyas acciones están siendo revaloradas por su presencia en el escenario político, como las esposas de don Ramón Castilla y del mariscal Domingo Nieto, según se está dando a conocer en los últimos tiempos.
En estos protagonismos hubo muchas sombras alrededor de la democracia, pero más han sido las luces que, a nivel individual o social, protagonizaron al comienzo solo los peruanos y, después, las peruanas y los peruanos. La prevalencia de esas luces permite, hasta hoy, que en este país se viva con una democracia perfectible, que mantiene al Perú como un país que vence las adversidades sociales y naturales y que se muestra respetuoso del orden social cuando las mayorías así lo deciden.
LAS VACANCIAS DENTRO DE LA HISTORIA
Al parecer, los pedidos de vacancia presidencial no tienen nada de nuevo. Ya los hemos visto desde el siglo XIX, como se puede apreciar en lo ocurrido con el presidente de la República, don Ramón Castilla, en 1860, tomando como fuente al historiador de la República, don Jorge Basadre.
Después de que Castilla derrotara a los vivanquistas en 1857, al año siguiente se realizaron elecciones, luego de que se descubriera una conspiración contra Castilla en enero de 1858. En el norte peruano gobernaba, en nombre de Castilla, el Consejo de Ministros, mientras él gobernaba en el sur. La Convención Nacional, elegida en 1855, estaba disuelta y declarada en rebeldía tras el manifiesto del 11 de noviembre, pese a que José María Raygada garantizaba el mantenimiento del orden social.
Lo cierto es que, en marzo de 1858, Ramón Castilla ya estaba libre de enemigos políticos, y el Consejo de Ministros, integrado por José María Raygada, Manuel Ortiz de Zevallos, Luciano María Cano y Juan M. del Mar, convocó a elecciones para un Congreso extraordinario y también para elegir al presidente y al vicepresidente de la República, como se estipulaba en la Constitución de 1856. Castilla se presentó como candidato, al igual que el general José Miguel Medina, acompañado de José Gregorio Paz Soldán; un tercer candidato fue Domingo Elías.
El Congreso Extraordinario se instaló el 12 de octubre de 1858 y proclamó a Castilla como presidente constitucional y a Juan Manuel del Mar como vicepresidente. Castilla, que desde 1855 ejercía como presidente provisional, fue el más votado, con 432 mil preferencias; Medina obtuvo 69 mil y Domingo Elías apenas llegó a 51 mil. De inmediato se abordó el tema de la reforma constitucional, cuyos artículos, debatidos en la Cámara de Diputados, no siempre recibieron la aprobación inmediata de la Cámara de Senadores.
VACANCIA DEL PRESIDENTE RAMÓN CASTILLA
Poco después se suscitó un conflicto entre el gobierno y el Congreso a raíz de lo protagonizado por Pablo Arguedas Hurtado, quien, tras actuar bajo las órdenes de Castilla en varias campañas, disolvió en 1857 la Convención Nacional con un grupo de soldados, después de los desacuerdos entre el gobierno y la Convención, pese a que decretó que pronto se debería elegir al presidente y al vicepresidente de la República. En 1858, la Convención rechazó el ascenso de Arguedas por el atentado contra la Convención, lo que generó una reacción contraria en Castilla, quien se opuso a la medida del Congreso.
El Consejo de Ministros manifestó al Congreso que, de ningún modo, el gobierno seguiría sus acuerdos, por lo que ambas cámaras citaron ante el Congreso a cinco ministros, de los cuales asistieron solo tres. Uno de ellos expresó que Castilla no estaba de acuerdo con lo acordado sobre Arguedas, pero que lo cumpliría. Poco después, el 12 de abril, Pedro Bustamante, presidente del Congreso, promulgó las resoluciones legislativas que enfrentaron al Ejecutivo y al Legislativo.
El 16 de abril de 1858, los diputados Toribio Casanova, Manuel C. Torres, Fernando Casos, Luciano Benjamín Cisneros y Manuel Seminario y Váscones presentaron una moción que declaraba a la patria en peligro y planteaba la vacancia de la Presidencia de la República, la cual pasó a una comisión especial. Poco después se iniciaron gestiones en Palacio de Gobierno entre Castilla y un grupo de parlamentarios, tratativas que parecían orientadas al fracaso.
En medio de esto, el gobierno maniobró el ánimo de los más encendidos en su contra, quienes solo aprobaron la moción de que la patria se hallaba en peligro, por 44 votos a favor y 32 en contra. En contra de la vacancia se obtuvieron 42 votos y solo 33 a favor. Los perdedores pidieron una declaración para recesar el Parlamento. Poco después se clausuró el Congreso Extraordinario y se instaló el Congreso Ordinario.
En la Constitución de 1856 se había limitado la autoridad del presidente de la República y se había reducido el tiempo de gobierno de seis a cuatro años. Asimismo, se consideró el derecho de acusar al presidente, durante el periodo de su mandato, por infracciones directas a la Constitución. También se aprobó el sometimiento expreso del jefe del Estado al juicio de residencia y a la responsabilidad con arreglo a las leyes.

