Salvemos a nuestro colegio Becerra de esta grave crisis

Las autoridades tienen la palabra para terminar, por fin, con esta triste realidad.

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POR: NICOLÁS VALDEZ CASO

Como exalumno de mi alma mater, Daniel Becerra Ocampo, no puedo callar frente a este ambiente de agresividad que afecta las relaciones humanas de la familia becerrina. Frente a estos lamentables hechos, todos somos responsables: unos, porque somos sometidos al abuso, y otros, porque lo permitimos.

Hoy, el Becerra, la institución más solemne de Ilo, está en crisis. Sobre él pesa la sombra de una dirección que ha detenido y menoscabado tanta tradición prolija. Mi querido colegio lamenta esta felonía contra tantas vivencias de décadas. El Becerra, bastión de la historia de Ilo, sufre mientras cada día intentan derrumbar nuestro pasado glorioso.

Estoy seguro de que las autoridades educativas del más alto nivel son conscientes del peligro que representa esta gestión para la tranquilidad de los niños y jóvenes becerrinos. Ellos saben del problema y están en la obligación de actuar. Cuando existe un rompimiento de las relaciones laborales o humanas, se frena totalmente el aprendizaje, se menoscaba la moral de los educandos y disminuyen la motivación y el rendimiento académico.

Frente a esta grave crisis y ante la necesidad de encontrar paz, mejorar el clima y brindar un buen servicio, se deben aplicar medidas disciplinarias, y la directora debe ser derivada o reasignada a otra labor educativa fuera de la institución.

El factor principal en la educación no es el derecho laboral, sino el bienestar de los niños y jóvenes, quienes deben estudiar en un ambiente de tranquilidad, libre de acoso y hostilidad. Estamos seguros de que las autoridades educativas de la UGEL y la DREMO se rectificarán y actuarán de acuerdo con lo establecido en la Ley de Reforma Magisterial N.° 29944 y la Ley General de Educación N.° 28044.

Frente al deterioro de las relaciones humanas, se debe actuar de emergencia por “necesidad de servicio” para proteger a los estudiantes y restaurar el clima laboral.

Salvemos a nuestro colegio y no permitamos que más alumnos se vayan de nuestra querida institución como consecuencia del resquebrajamiento de las relaciones humanas. Las autoridades tienen la palabra para terminar, por fin, con esta triste realidad.

Hoy, el Becerra está de aniversario: cumple 66 años de gloria y, penosamente, cuatro años de crisis extrema y permanente. La familia becerrina está en congoja. Es cierto que nuestra inmensa historia nos protege, pero hoy se acrecienta un peligro latente y estos tres años de agonía pesan mucho.

Asimismo, frente a esta aflicción, tengo que desearle a mi querida institución un feliz aniversario. Aunque hoy solo se festeje sobre la base de bonitos recuerdos y añoranzas, deseo que muy pronto haya cambios y tiempos nuevos. Siento que debemos salvar a nuestra institución de este momento amargo, el más oscuro de sus 66 años de historia.

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