POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA
En la quincena de enero de 2011, en plena etapa electoral, Carlos Bruce, jefe de campaña de Perú Posible, manifestó que la candidatura de Luis Castañeda estaba cuesta abajo. Raudamente, el exalcalde metropolitano respondió que esa “es una loca…, afirmación”, en clara referencia a la orientación sexual del hoy burgomaestre surcano. Tiempo después (mayo de 2014), el candidato César Acuña, atendiendo al requerimiento de la prensa apostada, en que si su vice sería hombre o mujer, exclamó: “les digo una broma: Bruce”, soltando una sonora carcajada aupada por sus seguidores presentes. La Iglesia católica tampoco anduvo exenta de esta polémica, y vino de la mano del monseñor Luis Bambarén. El extinto autodenominado “Obispo de los pobres” arremetió —primero en 2011 y luego en 2015— en contra de “Techito”, tildándolo agresivamente de “maricón”.
Bruce Montes de Oca confesó hacía años ser abiertamente homosexual. Además de haber sido el promotor —como parlamentario— del proyecto de ley de “Unión civil no patrimonial para personas del mismo sexo”, ampliamente difundido en las calles limeñas y debatido en comisiones legislativas, para finalmente ser pasado al archivo. Ese fue —digámoslo así— el “pecado” de Carlos: haberse enfrentado al establishment imperante que se mostró (y aún sigue) intolerante ante una necesidad de miles de seres humanos que requieren de un marco jurídico que los proteja ante la eventualidad de que su “pareja” ya no esté físicamente en el plano terrenal.
Más de una década transcurrieron, y nos encontramos nuevamente en lid electoral. Treinta y ocho (38) nombres pugnan por llegar al “sillón de Pizarro”, y en ese fragor las propuestas se intensifican, y las críticas al oponente, también. A inicios de diciembre pasado, el periodista Fabricio Escajadillo sostuvo un encendido debate con Norma Yarrow, integrante de la plancha presidencial de Renovación Popular que lidera Rafael López Aliaga. El punto más álgido (en realidad fue durante la entrevista) fue la sindicación directa a Yarrow de ser lesbiana. Norma lo negó, aunque aseverando estar a favor del otrora citado proyecto de Bruce. Suficiente, para que más. En sucesivos programas, Escajadillo volvió a arremeter contra ella (obvio, sin que la aludida estuviese presente), criticándola por ser homosexual.
Y, en días recientes, le tocó el turno de estos embates a Carlos Álvarez, de “País para todos”. Empezaron con su condena penal en el 2002, al presuntamente haber recibido dinero de Vladimiro Montesinos, la misma que fue omitida en su declaración para postular, a lo que Álvarez negó, aduciendo que fue absuelto en instancia superior de esta imputación penal. Siguieron, esta vez, con su orientación sexual, afirmando que es gay. Visiblemente incómodo, Carlos puntualizó: “Mi vida privada es personal. Y mi vida familiar también. Yo no la ventilo a los medios. Si a algunos les encanta, e incluso facturan, es su problema”.
Nuestra Constitución, en el artículo 2°, señala que toda persona tiene derecho a “la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole”. Entonces, ¿en qué momento pasamos a tema de debate político la orientación sexual de un postulante para presidente, vice, senador, diputado o parlamentario andino? En otras palabras, si el candidato es heterosexual, ¿tendrá mayor mérito que aquel que es homosexual? Entiendo que la simpatía al aspirante debería darse en razón de sus planteamientos, incluyendo su experiencia académica y profesional. Pensar o creer lo contrario, si “salió del clóset”, como vulgarmente denominan a esa expresión para declararse abiertamente gay, es simplemente descender el debate político y menospreciar vilmente la dignidad humana que la Carta Política ampara.
Y, para que quede un poco más claro, si fuera tu hijo o hermana el candidato envuelto en esta absurda polémica, ¿continuarías con el morbo o exigirías que paren de una vez?

