POR: ENRIQUE RIVERA SALAS
Previamente, considero necesario resaltar las virtudes y la valentía, que sirven de ejemplo de la importancia que tienen los valores en nuestra sociedad.
Y aquí debemos definir el concepto de valentía, que es un valor que nos hace luchar por lo que “vale la pena”. Nos ayuda a superar nuestros miedos y a encauzar la vida en momentos difíciles.
El hecho ocurrió el 3 de julio de 1963, cuando se produjo un incendio en la planta eléctrica de la calle Llosa, que pudo traer graves consecuencias para el pueblo de Mollendo.
El incendio se registró a las 7:45 p. m., cuando Federico Beltrán, técnico de la empresa eléctrica y quien se encontraba de servicio en la planta, advirtió que uno de los tubos del viejo Caterpillar D-397, de 350 kilovatios, que era forzado a trabajar al máximo para abastecer a la población, se encontraba recalentado y había comenzado a incendiarse. Al pedir ayuda y no encontrar a nadie —pues estaba solo—, comprendió el riesgo que corría el motor: podía estallar. Sin embargo, lejos de huir, el heroico motorista corrió hacia las llaves del Caterpillar y, en medio del fuego, apagó la máquina.
Con ello, prácticamente salvó la planta eléctrica, aunque la ciudad quedó a oscuras durante varias horas.
Resulta sorprendente que el incendio atrajera a más de dos mil personas, quienes se hallaron impotentes de intervenir por no contar con material de trabajo. Cabe señalar que la Compañía de Bomberos de Mollendo no pudo brindar un servicio eficiente debido a la falta de agua en los grifos de la población. Las pérdidas materiales se estimaron ese año en un millón de soles, incluido el valor del motor incendiado.
Pero Federico no solo fue el trabajador heroico que, gracias a su arrojo, evitó que la planta eléctrica quedara reducida a cenizas, sino que además recurrió al agua y a la tierra para impedir la propagación del fuego hacia otro motor más pequeño, de 50 kW.
Finalmente, damos a conocer que Eliseo Federico Beltrán Arenas nació en Mollendo el 14 de junio de 1927. Estuvo casado con doña Juana Sánchez de Beltrán (fallecida) y fue padre de Víctor Hugo, Esperanza, Federico, Lourdes y Rosario, todos profesionales.
Federico nos dejó, pero antes de emprender su viaje sin retorno, nos legó sus cualidades de humildad, honestidad y amor, que parecieran haber sido sus distintivos, y nos enseñó la profunda valoración de la amistad, la fe y la paz.
Estoy seguro de que las nuevas generaciones sabrán reconocer el valor, el arrojo y la valentía, en favor de nuestra tierra, Mollendo.

