POR NATALY ZAÁ RIVEROS
COACH Y MENTORA EN DESARROLLO PERSONAL Y FITNESS
A todas nos ha pasado. Inicias la semana con la mejor disposición: preparas tus comidas, te prometes hacer ejercicio y mantener la disciplina. Pero llega el cansancio, una invitación inesperada o un día difícil… y terminas comiendo de más, saltándote el entrenamiento o volviendo a viejos hábitos.
La mayoría lo vive como un fracaso. Sin embargo, esos “días fuera del plan” no tienen por qué ser el enemigo. En realidad, pueden ser una gran oportunidad para conocerte mejor y construir una relación más sana con tu cuerpo y tus metas.
LA FALSA IDEA DEL TODO O NADA
Vivimos en una cultura que premia la perfección. Nos enseñaron que para lograr resultados hay que hacerlo “todo bien” o, de lo contrario, no sirve. Pero el bienestar no funciona así.
El cuerpo, la mente y las emociones no se manejan en blanco y negro. Cuando caes en el pensamiento de “ya fallé, así que todo está perdido”, entras en un círculo de culpa que solo genera más desmotivación.
Aceptar que los errores o deslices son parte del proceso no significa rendirse, sino entender que el camino hacia el equilibrio está lleno de aprendizajes.
ESCUCHAR, NO CASTIGAR
Cuando rompes tu rutina, el primer impulso suele ser castigarte: hacer más ejercicio, comer menos o hablarte con dureza. Pero el cuerpo no necesita castigos; necesita comprensión.
Cada recaída tiene un mensaje. Tal vez estabas agotada, emocionalmente saturada o simplemente necesitabas un descanso. Ignorar eso solo perpetúa el mismo patrón.
Escucharte te permite identificar las verdaderas causas detrás de tus comportamientos: no fue “falta de fuerza de voluntad”, sino una necesidad no atendida.
EL VALOR DEL EQUILIBRIO EMOCIONAL
La relación con la comida y el cuerpo refleja la relación que tienes contigo misma. Si tu diálogo interno está lleno de exigencias, comparaciones o juicios, tu cuerpo también lo sentirá.
Aprender a detenerte y observar cómo te hablas después de un “error” puede ser transformador. En lugar de decirte “soy un desastre”, puedes elegir decir “necesito entender qué me pasó hoy”.
La autocompasión no debilita la disciplina, la fortalece. Porque cuando actúas desde el respeto, el cuerpo y la mente responden con más coherencia y calma.
CONVERTIR LOS TROPIEZOS EN INFORMACIÓN
Cada recaída es una oportunidad para ajustar tu estrategia. Si una rutina o dieta no se sostiene en el tiempo, probablemente no está alineada con tu estilo de vida.
Quizá los horarios son poco realistas, o estás exigiéndote más de lo que puedes manejar. Reflexionar sobre eso te permite diseñar hábitos sostenibles, no temporales.
El bienestar no se construye a base de fuerza, sino de inteligencia emocional. Aprender de los días difíciles te convierte en una persona más consciente y resiliente.
CLAVES PARA RETOMAR SIN FRUSTRACIÓN
Evita dramatizar. Un día fuera del plan no define tu proceso.
Retoma al siguiente momento. No esperes al lunes o al próximo mes.
Evalúa sin juzgar. Pregúntate qué necesitabas realmente en ese instante.
Haz ajustes pequeños. Cambios sostenibles valen más que perfección.
Celebra el progreso, no la perfección. Cada intento cuenta.
Los hábitos verdaderamente sólidos se construyen en los días en que decides continuar, incluso cuando no fue perfecto.
LA CONSTANCIA AMOROSA
La disciplina no es rigidez; es coherencia con amor. Los días en los que fallas son, en realidad, los más valiosos, porque te muestran qué aspectos internos necesitas trabajar: tu nivel de estrés, tus emociones o tu forma de descansar.
No hay transformación sin autoconocimiento.
Aprender a verte con amabilidad cuando te equivocas es el paso más maduro de todo proceso de crecimiento personal. Y cuando logras hacerlo, descubres que no necesitas hacerlo todo perfecto para avanzar: solo necesitas no rendirte.

