POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA
Winston Churchill es una figura política ampliamente conocida. Fue el indiscutible líder británico que contribuyó notablemente a la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Entre sus innumerables frases queda para la posteridad aquella: “Se le dio la posibilidad de elegir entre la guerra y el deshonor. Usted escogió el deshonor y tendrá la guerra”, dirigida al entonces primer ministro Neville Chamberlain tras la grosera firma de los Acuerdos de Múnich de 1938, junto a su homólogo francés Daladier, incorporando los Sudetes, que hasta ese momento pertenecían a Checoslovaquia, a la Alemania de Hitler.
Varios años después, 88 para ser más precisos, a inicios de marzo pasado, el diario France 24 tituló: “Churchill dejará de figurar en los billetes del Reino Unido”, que serán reemplazados por imágenes de fauna silvestre, recogiendo las declaraciones del Banco de Inglaterra.
Sin embargo, el último sábado, RT Actualidad, con información del diario The Telegraph, afirmó que la decisión de la citada entidad bancaria fue porque consideraban a sir Winston como “elitista y divisivo”. Sí, no es error de tipeo ni tampoco un “meme”.
Atrás quedaron todas las proezas logradas por Churchill, principalmente durante el bombardeo nazi en 1940, con su entrañable frase: “No puedo ofrecer nada más que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”, pronunciada ante el Parlamento inglés.
Pero esta amnesia histórica no queda ahí. En octubre de 2020, el monumento de Cristóbal Colón ubicado en el Paseo de la Reforma, en la ciudad de México, fue desplazado, so pretexto de restauración. Jamás retornó y el gobierno renombró el lugar como la “Glorieta de las Mujeres que Luchan”.
Al año siguiente, en Bogotá, el Ministerio de Cultura colombiano retiró la estatua del almirante genovés, dizque ante la amenaza de ser derribada por parte de comunidades indígenas. Nunca más se supo dónde fue reubicada, si es que lo fue, sino destruida.
Similar situación vivimos en nuestra capital. En 1997, el entonces regidor metropolitano Santiago Augusto Calvo promovió el retiro de la estatua de Francisco Pizarro de la plaza del mismo nombre, al costado de Palacio de Gobierno.
Aunque no llegó a concretarse su pedido, ante la presión creciente, el 28 de abril de 2003 fue retirada a un depósito municipal. No obstante, en enero del año pasado, Rafael López Aliaga, con la presencia de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y en ocasión del 490 aniversario de la fundación de Lima, colocó nuevamente la mencionada estatua, en esta ocasión en el pasaje Santa Rosa, al lado de la entidad edil.
Ejemplos como estos nombrados hay varios. Gente que pretende reescribir la historia. Pero ese pensamiento, enteramente emocional, no hace que seamos mejores personas. En cambio, si conocemos el pasado, por más odioso que pudiese resultar leerlo, permitirá corregir los errores cometidos, conllevando a ser mejores ciudadanos, legando un encomiable valor cívico a las generaciones venideras.

