¿Por qué creo que Roberto Sánchez ganó el debate?

Así como fue una sorpresa la falta de capacidad de proponer de memoria de Fujimori, lo fue también el estilo ágil y punzante de Roberto Sánchez.

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POR: ANDY PHILLIPS ZEBALLOS

El debate empezó con 15 minutos de retraso y ambos candidatos estaban sentados en mesas amplias y frente a frente. La programación establecía cuatro bloques: seguridad ciudadana, fortalecimiento del Estado democrático y derechos humanos, educación y salud, y economía, empleo y reducción de la pobreza.

Desde las primeras intervenciones se dejaron notar las formas que marcarían el resto del debate. Fujimori empezó hablando pausadamente, mencionando problemas de las familias peruanas que ella ha conocido y refiriéndose a su contendor como “congresista Sánchez”. Ceñida a un guion que leyó casi todo el tiempo.

Por su parte, Roberto Sánchez fue mejor polemista y sonó más campechano. Las pullas —o “chiquitas”— y las preguntas directas a Fujimori fueron una constante.

En su primera intervención, la presentación, Sánchez narró su experiencia laboral soltando una indirecta muy directa: “Yo sí he trabajado toda mi vida”.

Keiko no respondió esta primera pulla, pero la puso a la defensiva desde entonces.

En el bloque de seguridad, ambos candidatos dijeron cosas similares: reforma de la justicia y del sistema de inteligencia, así como más y mejores condiciones para la Policía. Keiko hizo énfasis en las unidades de flagrancia y Sánchez en la reforma policial y la responsabilidad política de la llamada “mafia congresal”.

No obstante, Sánchez cuestionó que no era posible combatir la delincuencia con las leyes procrimen vigentes y retó a Fujimori a derogarlas.

Keiko no dijo nada al respecto, pero recordó la cercanía política de Sánchez con Antauro en primera vuelta, a quien llamó “matapolicías”. Sobre esto, el candidato de JP alcanzó a decir que él es un hombre que apuesta por la paz.

Sánchez también le preguntó directamente: “¿De qué orden hablan si desde que tienen mayoría en el Congreso se han zurrado en la democracia y corrompido la justicia?”. Además, al hablar de los derechos humanos, recordó la falta de justicia que todavía atraviesan los deudos de los 50 asesinados durante el régimen Boluarte.

Keiko no respondió el punto, pero recordó que Boluarte era la vicepresidenta de Pedro Castillo.

El desempeño de ambos en el bloque de democracia y derechos humanos fue muy dispar. Mientras que Sánchez planteó la recuperación del derecho a referéndum, la descentralización de los recursos, un Estado intercultural, el Acuerdo de Escazú y fortalecer nuestra presencia en el sistema interamericano, la candidata de FP habló de obras de agua, saneamiento y carreteras.

Más adelante, en el bloque de educación y salud, Fujimori propuso aumentar la cobertura sanitaria, mejorar el salario de los docentes y otorgar más becas.

Sánchez se comprometió con el ingreso libre a la universidad y la mejora de las condiciones laborales de los docentes. En salud, planteó fortalecer el primer nivel de atención y emplear a un psicólogo en cada centro educativo.

Pero lo que muchos recordarán fue cuando dijo que él, a diferencia de Keiko, su tío no le pagó una educación privada, en referencia a Vladimiro Montesinos. Y le recordó, en la última parte del bloque, que las esterilizaciones forzadas eran un legado del fujimorismo.

La parte de economía empezó más propositiva. Keiko Fujimori, leyendo, se dirigió a los “emprendedores” y centró su propuesta en la promoción de la inversión privada, mientras que Roberto Sánchez se comprometió a que, durante su gobierno, se alcanzará como salario mínimo vital lo equivalente al costo de una canasta básica familiar, o sea, unos S/ 1814 (mil ochocientos catorce soles), pero que arrancarán elevándolo hasta los S/ 1500 (mil quinientos soles) y que, al suprimir privilegios fiscales y combatir la evasión fiscal, podrá financiar lo prometido.

En general, Fujimori dio muchos datos, pero lució acartonada con tanta lectura y mirada al papel. Prometió infinidad de obras, programas sociales e, incluso, transferencias directas a ciertos sectores cuyo financiamiento no explicó de dónde saldría. Sánchez, por su lado, sonó más natural, coloquial y cercano.

En conclusión, así como fue una sorpresa la falta de capacidad de proponer de memoria de Fujimori —impropia de una cuarta candidatura—, lo fue también el estilo ágil y punzante de Roberto Sánchez.

Así que, por el dominio de los temas —fondo— y el estilo —forma— demostrados, Roberto Sánchez fue el ganador del debate.

Dato extra: el micrófono falló unos segundos al inicio de varias intervenciones, todas de Sánchez. La moderadora llamó la atención una vez a uno de los candidatos, pidiéndole respeto porque se había referido al Congreso como “mafia congresal”.

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