Omnia mors aequat: la muerte iguala a todos

Debemos entender que, entre más desunidos ideológicamente somos, más fáciles somos de manipular.

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POR: OMAHAR ROMMEL TORRES MENDOZA

Después de las elecciones generales, más allá de los resultados finales, debemos preguntarnos cuánto hemos ganado, cuánto hemos perdido, porque, en vez de ser una época de confrontación de ideas, ha sido campo de cultivo de enfrentamientos entre coterráneos y, como enemigo al acecho, nos hemos olvidado de que compartimos la misma tierra, el mismo origen y, aunque a algunos les parezca irrisorio, compartimos el mismo color de piel, porque no importa si eres blanco, rojo o multicolor: todos tenemos una misma identidad nacional.

Ha aflorado el clasismo, una visión equivocada de prejuicio al creer que somos de diferentes estamentos sociales, cuando en verdad compartimos los mismos problemas económicos, educativos, de servicios básicos, y muchos sometidos a regímenes laborales extenuantes y salarios limitantes. El ser urbanita no te hace especial, porque al morir lo haremos igual a todos, dejando todo lo material.

El racismo y la segregación han saltado a la palestra con frases difíciles de reproducir, orientadas a los rasgos físicos y étnicos, que nos han hecho olvidar que provenimos de muchas culturas ricas en tradición y maravillas arquitectónicas adelantadas a su época. Pero, como lo que importa es el insulto para creer que así se tiene la razón, se ha socavado el sentido común, anulando la convivencia.

Hemos caminado más de una cuarta parte del nuevo siglo, con adelantos tecnológicos que solo están aumentando la desinformación y la afrenta. No hemos aprendido que solo somos un número, una estadística cuando se juegan los intereses de los que quieren llegar al poder. No valoran que somos ciudadanos que, con el sufragio, definimos a quienes queremos de gobernantes. Debemos entender que, entre más desunidos ideológicamente somos, más fáciles somos de manipular.

Los miedos y diatribas han estado a la orden del día, por encima de las propuestas de gobierno, y eso no suma; al contrario, divide. De un escenario nacional, pronto empezará el regional, provincial y distrital, con variopintas opciones y propuestas de desarrollo vecinal. Si se convierte en el campo de batalla descrito líneas arriba, no vaticino, pero lo prevengo, estaremos desperdiciando otro lustro.

En los últimos 15 años, la división provincial se ha vuelto notoria, actualizando el equivocado pensamiento del que vive en la capital sobre el interior del país, de ciudad encima del poblado, de provincia superior al distrito. Pero, aunque a algunos les cueste valorar, en tiempo de elecciones, durante varias décadas, el Valle de Tambo ha determinado quiénes son los alcaldes que se han sentado en el sillón municipal.

Así que quienes piensen que, con solo tener votación localista, ya ganaron, son ilusos o principiantes en lides electorales. El que manifieste ideas sectarias y divisionistas no es digno de nuestra confianza y menos de nuestro voto.

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