POR: EDGARD NORBERTO “BETO” LAJO PAREDES
Estando en la ciudad de Lima, en reunión amical, una mamá feliz relata haber sido su hijo Nico, de quince (15) años de edad, del cuarto año de secundaria, seleccionado para formar parte del equipo de ocho (8) adolescentes, para viajar a EE. UU. durante quince días a visitar la NASA, donde expondrán sus trabajos de investigación y estudios sobre el “cambio climático”.
Obviamente, me interesó la buena noticia y empecé a indagar: ¿de qué colegio era, estatal o privado? Era colegio privado; la visita a EE. UU. ¿es programa del MINEDU o del colegio privado? Es programa del colegio privado; las exposiciones son ¿en idioma español o inglés? Es en idioma inglés; en cuanto al tema, ¿cuál es el criterio de haber escogido el tema? Ha sido el criterio de problemas globales.
Liz Quispe Santos, becaria de la Embajada de EE. UU., ha creado el Programa Huarmis Space, que consiste en llevar a niños y niñas del país a la NASA, con el apoyo de la superpotencia. Para ello convocan a estudiantes de once (11) a dieciséis (16) años de edad, interesados genuinamente en temas espaciales; recorren los ambientes del centro espacial, dialogan con los astronautas y los llevan a Disneylandia.
Huarmis es una iniciativa de solidaridad de un equipo de profesionales para encender la chispa del cambio transformador y comprometido con el fortalecimiento de competencias STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemática). Su misión es empoderar a niños, niñas, adolescentes y mujeres de comunidades vulnerables del Perú para, mediante la educación, mejorarles sus vidas.
En ambos casos no se ve la presencia del Estado en general ni del Ministerio de Educación (MINEDU) en especial; son iniciativas absolutamente particulares: la primera, de uno de los renombrados colegios privados de la capital de la República; la segunda, de una evidente sensibilidad social de una compatriota, quien ha logrado alianzas con la Cámara Peruana de Inteligencia Artificial y otros.
Observamos lo siguiente: lo realizado por la institución educativa privada y la fundación altruista, de llevar niños y niñas a entidades de desarrollo y navegación espacial, no es política pública; son iniciativas particulares llevadas a cabo sin el Estado, por lo tanto, el alcance es mínimo, circunscrito a la voluntad de las iniciativas.
En nuestro país tenemos la Agencia Espacial del Perú de la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial (CONIDA), que cuenta con el Centro Nacional de Operaciones de Imágenes Satelitales (CENOIS), ubicado en Pucusana. Allí se monitorea el satélite PerúSat-1, el cual provee imágenes ópticas de alta resolución, las mismas que son estudiadas coadyuvando al desarrollo y defensa del Perú.
En una conversación semanal, la distinguida dama benefactora de Pucusana, María Adele Benavides, narró de su visita al CENOIS, a invitación de sus funcionarios. Les sugirió programar visitas de alumnos para motivarlos a conocer las enormes ventajas del satélite en la toma de decisiones en los tres niveles de gobierno y estudiar profesiones vinculadas a las ciencias e ingenierías.
Necesitamos un Estado que eduque efectiva e integralmente, en alianza con el sector privado, en beneficio de la sociedad civil, a nuestros niños y jóvenes, el principal capital humano, quienes deben ser llevados planificadamente a conocer el país; luego, hacerlos parte de programas de visitas a pueblos de América Latina y, finalmente, a conocer centros importantes del mundo.

