miércoles, 7 de enero de 2026
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Ni dictadura asoladora ni invasión imperialista

Entre el autoritarismo interno y la intervención externa, el caso venezolano revela la crisis de los mecanismos de integración regional y reactualiza el ideal hayista de una Indoamérica democrática, integrada y antimperialista.

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POR: EDGARD NORBERTO “BETO” LAJO PAREDES

Ni dictadura violadora de derechos humanos, ni invasión imperialista; ni complicidad del Foro de Sao Paulo; ni aislamiento de la derecha neoliberal. Por una Indoamérica antimperialista, integrada y democrática; reimpulsar el ideal del aprismo y de Haya de la Torre del interamericanismo democrático sin imperio.

El 28 de julio de 2025 se realizaron elecciones generales en Venezuela. Triunfó abrumadoramente la oposición democrática con Edmundo González y María Corina Machado; sin embargo, el torpe dictador Nicolás Maduro, con desparpajo, desconoció los resultados y cínicamente juramentó como presidente para un nuevo período. Nunca probó haber ganado los comicios y ocultó los resultados.

Los regímenes totalitarios agrupados en el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), con evidente procacidad, reconocieron al perdedor Maduro como gobernante electo. El Foro de Sao Paulo (encuentro anual de partidos y movimientos políticos de izquierda y extrema izquierda), fundado por Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores de Brasil, y Fidel Castro, del Partido Comunista de Cuba, no reconoció los votos emitidos por el pueblo venezolano; incluso plantearon nuevas elecciones, es decir, no aceptaron la contundente derrota del chavismo.

La derecha neoliberal, con Javier Milei a la cabeza, se solazó más con la derrota de Maduro que con el triunfo de Edmundo González, pero no movió un dedo para una acción conjunta de Latinoamérica que haga respetar, frente al “socialismo del siglo XXI”, el resultado de los comicios venezolanos; prefieren cobijarse bajo el paraguas imperial de Norteamérica.

La respetable Cancillería de Torre Tagle, sede institucional de la diplomacia de nuestro país, sí tuvo una actuación digna de deslinde con el régimen autocrático de Hugo Chávez y su sucesor; actuación opacada por nuestros pseudo gobernantes, carentes de convicción integracionista, como Pedro Pablo Kuczynski; pusilánimes, como Martín Vizcarra y Francisco Sagasti; mediocres, como Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí, quienes no sostuvieron el Grupo de Lima ni respaldaron la firme posición del ministro de Relaciones Exteriores, Javier González-Olaechea, en la OEA, de repudio a las nefastas prácticas de abierta transgresión a las reglas democráticas latinoamericanas por parte del Partido Socialista Unificado de Venezuela, respecto de las burladas Elecciones Generales del 28 de julio de 2024.

Ahora nos encontramos con una invasión imperialista de Donald Trump, presidente de EE. UU., a la hermana República de Venezuela, con el argumento de capturar a Nicolás Maduro por ser jefe del narcotráfico del cártel de los soles, cuando en el fondo se trata de apropiarse del petróleo del país llanero.

Esta invasión es una vergüenza para Indoamérica y evidencia una crisis terminal de la OEA, incapaz de defender y propiciar la democracia en Venezuela y en todo nuestro “pueblo-continente”; como también ha mostrado grosera indiferencia ante el Estado fallido de Haití. Asimismo, ha guardado un miserable silencio frente a las medidas adoptadas unilateralmente por el gobernante republicano yanqui, al imponer disposiciones imperiales contra migrantes, productos y gobiernos latinoamericanos. Preguntamos, de manera cuestionadora: ¿de qué sirvieron la CELAC, UNASUR, el Parlamento Latinoamericano y el Parlamento Andino?

Ante esta distopía progresista y neoliberal, se yergue victoriosa la utopía hayista: edificar una Indoamérica antimperialista, integrada y democrática, de pan con libertad y justicia social.

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