POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA
Joseph Goebbels, otrora jerarca exponente de la propaganda nazi, ironizaba con que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”; mientras que, al lado opuesto, Sir Winston Churchill afirmaba que “una mentira habrá dado la vuelta al mundo antes de que la verdad tenga la oportunidad de ponerse los pantalones”. A ambos, con marcadas diferencias ideológicas y políticas, el tiempo suele darles la razón.
Y cómo no tenerla en este caso a comentar, pues creer o pensar lo contrario carecería de toda lógica primaria. De nada valió que el Congreso, por amplia mayoría, la inhabilitase por 10 años del ejercicio de la función pública al imputársele incumplimiento del artículo único de la Ley N.° 32130, norma que refuerza la intervención operativa de la PNP en las investigaciones preliminares; o que la Junta Nacional de Justicia la destituyese como fiscal suprema al haberse negado reiteradamente a reponer a su par Patricia Benavides. O que gran parte de su labor la dedicó a presentar denuncias constitucionales en contra de la entonces jefe de Estado Dina Boluarte (cerca de 40 carpetas fiscales) y ministros, las mismas que posteriormente fueron archivadas en la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales. O cuando también hizo lo propio en contra de 11 parlamentarios, acusándolos de negociación incompatible al promover una ley que les permitía cobrar en simultáneo pensión y remuneración estatal, cuando es bien sabido que los legisladores no son responsables por los votos que emitan en el ejercicio del cargo. O cuando solicitó a la Corte Suprema que Fuerza Popular sea declarado ilegal por presunta conducta antidemocrática. Además de demostrar manifiestamente inquina contra este partido político, se inmiscuyó en la presente campaña electoral. Sí, es Delia Espinoza.
Durante años, un grupúsculo conocido como “caviares” se encargó sistemáticamente, a través del control de grandes medios de comunicación, el Ejecutivo, el Ministerio Público y el Poder Judicial, de perseguir a opositores del régimen de turno (entiéndase Keiko Fujimori, Alán García, Luis Castañeda, entre otros), contando para ello con la policía parapolítica denominada DIVIAC, bajo el mando del inefable Harvey Colchado, con detenciones preliminares o detenciones preventivas, desgastando anímica y económicamente a los falsamente imputados, reluciendo a su vez figuras controvertidas como Rafael Vela, José Domingo Pérez, Richard Concepción Carhuancho y la misma Espinoza Valenzuela, encumbrándolos como paladines de la justicia. Hoy, los dos primeros están suspendidos por el desastroso manejo de los casos encargados como miembros del desaparecido Equipo Especial Lava Jato.
Sí, de poco sirvió cuando el pasado sábado Delia Espinoza ganó abrumadoramente (cerca de 30 mil votos) la elección para el decanato del Colegio de Abogados de Lima. En su alocución, ni bien se confirmaron los resultados, fue: “Vamos a trabajar bajo nuestra nueva gestión para todos los agremiados, sin distinción”. Cómo no.
Lo cierto es (o mejor dicho será) que en poco tiempo Espinoza Valenzuela seguirá persiguiendo a agremiados antagónicos a su pensamiento, utilizando burdamente al Comité de Ética para suspenderlos o inhabilitarlos como letrados; mientras que, en paralelo, terminará enfrentada con parte (si no todos) de su junta directiva, pues no estarán de acuerdo con las decisiones infames que tome en desprestigio de la buena imagen del Ilustre CAL.
Así que, cuando pensamos que con Pedro Castillo o el adulto mayor Balcázar habíamos visto lo peor, nuestra historia contemporánea sigue demostrándonos que tenemos una memoria selectiva.

