La paradoja del cacao: Perú siembra, Suiza factura. Cuando las ventajas comparativas no son suficientes

Esto revela una lección importante de la economía global: poseer la materia prima no garantiza quedarse con la mayor parte del valor.

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Por: Gabriela Carpio Velásquez

PERÚ CULTIVA EL ÁRBOL; SUIZA VENDE EL CHOCOLATE

Perú tiene algo que Suiza no puede producir en condiciones naturales: el árbol de cacao. Este cultivo necesita temperaturas altas, lluvias abundantes, humedad constante y suelos tropicales; condiciones presentes en la Amazonía peruana, pero inexistentes en el clima alpino suizo. En otras palabras, Suiza puede importar cacao, pero no puede cultivarlo de manera comercial en su territorio.

Sin embargo, la paradoja es clara: Suiza obtiene muchos más ingresos por el chocolate que Perú, aun cuando depende del cacao producido en países tropicales.

Las cifras de comercio de 2025 ayudan a entenderlo.

Perú exportó 119 793 toneladas de granos de cacao, frente a solo 10 762 toneladas de chocolate y otras preparaciones alimenticias de cacao. Suiza siguió el patrón inverso: importó 63 141 toneladas de cacao en grano y exportó 114 904 toneladas de chocolate. Es decir, Suiza exportó alrededor de 10.7 veces más chocolate que Perú (International Trade Centre [ITC], 2025).

Esto revela una lección importante de la economía global: poseer la materia prima no garantiza quedarse con la mayor parte del valor. Cultivar el cacao es una actividad esencial, pero representa solo el inicio de una cadena que también incluye fermentación, secado, tostado, molienda, mezcla con azúcar y leche, fabricación, empaque, diseño de marca, publicidad, distribución y venta al consumidor final.

Perú participa principalmente en las primeras etapas: el cultivo, la fermentación, el secado y la exportación del grano. Suiza, por su parte, se ha especializado y es muchas más eficiente en las etapas posteriores, donde se añade más valor. Sus empresas no solo transforman cacao en chocolate: también venden recetas, calidad, diseño, tradición, prestigio y marcas reconocidas internacionalmente.

Por eso, una barra de chocolate suizo no se vende únicamente por el cacao que contiene. Su precio incorpora tecnología, control de calidad, empaques atractivos, campañas de marketing y redes de distribución que permiten llegar a consumidores de alto poder adquisitivo en distintos mercados en todo el mundo.

La diferencia también se observa en el tamaño económico del sector. En Perú, la actividad de cacao y chocolate generó más de S/ 866 millones de valor agregado en 2024, equivalente al 0.15% del PBI nacional. Además, involucró a más de 83 000 productores en 16 regiones del país (Tridge, 2025). En Suiza, aunque el sector representa aproximadamente 0.05% de su PBI, su facturación bordea los US$3 090 millones (SWI swissinfo.ch, 2025). Es decir, el cacao tiene un peso relativo importante para Perú, pero Suiza mueve un volumen de negocio mucho mayor.

Esto no significa que Perú deba dejar de exportar granos. El país cuenta con una ventaja valiosa en cacao fino de aroma, una variedad apreciada en nichos especializados. El desafío consiste en integrar otros eslabones de la cadena, aumentando progresivamente su presencia en actividades de mayor valor agregado: chocolate de origen, productos orgánicos, certificaciones de comercio justo, certificaciones de calidad, mejores empaques y marcas peruanas que comuniquen la calidad y procedencia de su cacao. Sumado a eso, se requiere posicionar la marca de chocolates Perú a nivel mundial, y eso demanda un esfuerzo permanente en el tiempo y un apoyo decidido del Estado, que debe mantener políticas públicas de aliento al valor agregado y exportación, independientemente del color ideológico del gobierno de turno.

No será sencillo. Fabricar y vender chocolate a escala internacional exige capital, infraestructura, conocimiento técnico y acceso a mercados dominados por grandes compañías. Aun así, el potencial existe y gran parte de la base del negocio ya existe y es muy fuerte.

El contraste entre ambos países deja una conclusión contundente: Perú puede cultivar el árbol que Suiza no puede cultivar, pero Suiza ha logrado capturar más valor al convertir ese cacao en un producto final, una marca y una experiencia de consumo.


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