La ironía de ver caer la propia vida

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Por: Gustavo Pino

En la última Feria Internacional del Libro de Lima pude toparme con un libro que ha dado mucho que hablar en 2025: Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura, publicado por Dendro Ediciones. Tengo entendido que ahora cuenta con una nueva edición bajo el sello de Random House. La edición que comentaré es la primera.

En este libro, Gianni Biffi —a quien conocí en un bar de Miraflores meses antes de la pandemia— explora en sus relatos la matonería y la redención, trayendo a colación un cuento tradicional de nuestra literatura: Paco Yunque. De algún modo, el propio libro termina siendo también un gesto de redención. En la pluma de Biffi suele aparecer, incluso en medio de la tragedia, el humor y la sátira —aunque esto ya ha sido señalado por otros lectores—, pero desde mi punto de vista no es el rasgo más visible. Tal vez Biffi no habla tanto de las consecuencias físicas de la violencia sino de las del corazón, que suelen ser más persistentes porque permanecen ancladas al pasado.

En la trama, la ficción se mezcla con nuestras creencias y relatos personales, que muchas veces no son más que otras ficciones. El autor juega con símbolos de la literatura del pasado, como si dialogara con ella desde el presente. Aparece así una mezcla de culturas y géneros literarios, acompañada por una ironía sobre las civilizaciones que no desaparecen por guerras, sino por la alienación de sus propios habitantes.

En otro relato surge un personaje apostador, nublado por su propia vanidad, que termina convertido en un bufón de sí mismo. La búsqueda de redención atraviesa a varios personajes, como si las fábulas funcionaran al mismo tiempo como origen y consecuencia de sus destinos. También se percibe un subtexto sobre el propio proceso de escritura: el papel del autor frente a las nuevas tecnologías, que pueden jugar tanto a su favor como en su contra. La mezcla de culturas antiguas y contemporáneas, junto con formas de narrar lo irracional, desemboca en relatos frescos que parecen cuestionar cierto mercantilismo literario.

Uno lee este libro plagado de guiños irónicos —en el mejor sentido— conteniendo a veces una carcajada. Y como ocurre en la vida, el lector acompaña a los personajes en su deterioro emocional, entre la tristeza y la mediocridad. Desde los relatos iniciales se percibe un despertar que conduce hasta Autorretratos. No es el cuento que más me atrae, pero deja una reflexión sugerente sobre la literatura misma: si en verdad estamos hechos para ella. La historia presenta una especie de deidad cuya misión consiste en evitar que los hombres caigan en las pasiones de la literatura.

En otro momento aparecen las sombras del nazismo y su eco en sociedades como la nuestra, cargadas de temores y taras. Otro relato utiliza como recurso narrativo la literatura del siglo XIX para reflexionar sobre la idiosincrasia del Callao y los matices limeños, junto con sus prejuicios, incluso parodiando la novela de Jane Austen.

Dentro de la filosofía narrativa de Biffi también aparece la influencia del cine a través de Clint Eastwood, en una reflexión sobre los parámetros sociales de la virilidad. Sin embargo, el autor se burla de esos moldes con soltura en su prosa.

En los relatos siguientes continúa la exploración de esos estigmas sociales sobre la masculinidad, junto con un buen manejo de finales abiertos. Biffi trabaja con ironía los espacios narrativos para indagar en el sentido del arte y la naturaleza humana, incluso cerrando uno de los textos con una imitación de la poesía de Jorge Eduardo Eielson mediante un caligrama.

La mitología griega aparece también como recurso para explorar la culpa, el deseo y la redención. Un Zeus contemporáneo escribe misivas de perdón por faltas del pasado, trasladando el mito a un tiempo presente. Así se despliegan los demás relatos que componen el libro, con una prosa atrevida y sabrosa, como el pan con pejerrey en el puerto del Callao y la brisa que, de algún modo, parió dos veces a este narrador.

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