POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS
RECLAMOS VANOS
Los reclamos que el diez de mayo de 1618 elevaron Juan Rodríguez de Vez y Francisco José Corço al virrey, para evitar que se funde la villa en el lado Cochuna, resultaron tardíos y, por lo tanto, vanos.
No bien terminaron en despacharse los autos en larga travesía de no menos de un par de semanas en llegar a la Audiencia de la Ciudad de Los Reyes, el día trece ya se tenía conocimiento en Arequipa del documento por el cual el virrey don Francisco de Borja y Aragón había ordenado se mande fundar una villa en Escapagua.
PREPARANDO LA FUNDACIÓN
Acatando lo mandado por el virrey, don Francisco de Salazar, corregidor de la provincia de Colesuyo, como se conocía el lado Cochuna donde se encontraba el pueblo de Escapagua, el dieciocho de mayo nombra como cura y vicario de la iglesia de la nueva villa a don Gernónimo Cataño Aragón, que desempeñaba ese cargo en Arica, a la vez que dispone que este cura, una vez que se instale en la villa por fundarse, traslade todos los ornamentos y demás bienes eclesiásticos de la iglesia del pueblo de Moquegua.
Para un mejor cumplimiento de dichas órdenes, el gobernador despacha dos comisiones. Una de ellas debía estar encabezada por el beneficiado Lucas López de Gordejuela, cura de Carumas, con el objeto de que visite la iglesia nueva de Escapagua, haga los arreglos necesarios para ponerla decente y esté acorde a los santos oficios religiosos que se celebrarían en ella, y se vea lo relacionado al traslado de todos los ornamentos sagrados de la antigua iglesia de Moquegua, como el Santísimo Sacramento, los santos óleos, el crisma, la pila de bautismo, los ornamentos de plata, los libros, la campana, el traslado de las capellanías, cofradías y obras pías… En buena cuenta, lo que se proponían hacer era desmantelar el templo del pueblo de Santa Catalina de Moquegua, que de esta manera quedaría en desuso en beneficio de la iglesia de la nueva villa.
La otra comisión estaría bajo el mando de Gerónimo Cataño, encargado de dar el visto bueno al arreglo de la nueva iglesia, que debía estar decente para ser digna de colocarse en ella el Santísimo Sacramento, además de supervisar el traslado de los ornamentos sagrados, lo que debía hacerse con la mayor pompa y debida decencia, y tomar todas las precauciones y evitar riesgos al momento de pasar por el río.
Todo estaba decidido y ordenado para llevar adelante la fundación de la villa que uniría a los pueblos de Escapagua y Moquegua bajo una sola jurisdicción. Los preparativos estaban en marcha, acatando lo dispuesto por el virrey.
ORDENANZAS PARA LA FUNDACIÓN
La fundación se haría siguiendo lo dispuesto en las Ordenanzas dadas por Felipe II en 1573, sobre el descubrimiento, población y pacificación de las Indias.
Entre estas disposiciones, que son ciento cuarenta y ocho, se contemplaba que el pueblo de españoles debía tener por lo menos treinta vecinos y un clérigo; la plaza mayor, de donde se ha de comenzar la población, sea en cuadro, que por lo menos tenga de largo una vez y media de su ancho, porque de esta manera es mejor para las fiestas de a caballo y cualesquiera otras que se hayan de hacer; las cuatro esquinas de la plaza miren a los cuatro vientos principales; las calles en lugares fríos sean anchas y en los calientes sean angostas; se señale luego sitio y solar para la casa real, casa de concejo y cabildo, aduana y atarazana junto al templo.
A los primeros pobladores y a sus descendientes legítimos se les hace hijosdalgo de solar conocido y personas nobles, y por tales sean habidos y tenidos y gocen de todas las honras y preeminencias que todos los hombres hijosdalgo y caballeros gozan.
Así, se llegó al punto en que los preparativos para llevar adelante la pomposa ceremonia de la fundación española de la villa en el lado Cochuna, que uniría al pueblo de San Sebastián de Escapagua con el de Santa Catalina de Moquegua, estaban por concluirse. Faltaba señalar la fecha y el lugar exacto para que esta se llevase a cabo.

