La fundación española de Moquegua – IX

Los vecinos de Moquegua y Cochuna, que en 1611 solicitaron al virrey la fundación de una villa de españoles, desistieron tres años después debido a discrepancias internas, falta de recursos y circunstancias adversas que frustraron el proyecto.

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POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS

DESISTEN FUNDAR VILLA

En 1611 los vecinos de los pueblos de Moquegua y de Cochuna, por medio de un compromiso notarial que hicieron llegar de consuno al entonces virrey don Juan de Mendoza y Luna, tercer marqués de Montesclaros, que asumió el cargo el 21 de diciembre de 1607, le suplicaban fundase una villa de españoles en el lado de Moquegua.

Durante tres años se reunieron una y otra vez tratando de llegar a un amistoso acuerdo que finalmente los condujera a vivir en la ansiada villa. Los reiterados intentos para ponerse de acuerdo resultaron vanos.

En 1614 veintinueve «vecinos y heredados en este dicho valle de Moquegua y Cochuna, por nos y en nombre de los demás vecinos ausentes», revocan el poder que dieron tres años atrás «para que en nuestro nombre suplicasen al excelentísimo señor virrey de estos reinos, nos hiciese y concediese ciertas mercedes y exenciones contenidas en el dicho poder», por el que pedían la fundación de la villa de españoles, que hicieron llegar al virrey que ejerció hasta el 18 de diciembre de 1615.

SURGEN LAS DISCREPANCIAS

Explican las razones que tuvieron para su desistimiento, porque después de firmarlo, luego de reunirse repetidamente durante tres años para tratar lo relacionado de cómo se iba a hacer la reunión de ambos pueblos, se recrecieron algunas diferencias y disensiones a tal punto que consideraron eran insalvables.

LAS PRINCIPALES RAZONES

Entre las causas que los llevaron a desistir, estaba la que consideraron gran falta de indios y tierras, de agua, montes y pastos y otras cosas, siendo estas las más necesarias a la dicha población, y el habernos informado que algunas de las dichas mercedes y exenciones serían dificultosas de alcanzar, y por otras justas causas que nos ha enseñado la experiencia después que otorgamos el dicho poder. Revocaban el poder, para que nadie use de él, y señalaban con claridad que dejaban a todos los firmantes en su buena honra y fama.

REITERADOS RUEGOS

Con el mismo fervor con que suplicaron al virrey la licencia de fundar una villa, ahora de manera conjunta le rogaban para que «la suspenda, atento a las muchas causas y razones que nos obligan y fuerzan a hacerlo».

Si los vecinos estuvieron juntos en 1600; si después de ponerse de acuerdo y luego en 1611 suplican la fundación por las ventajas que a todos traería consigo, ¿qué razones tendrían para retractarse tres años después?

¿Qué motivos pudo tener el virrey para no disponer la fundación durante estos tres años, tiempo más que suficiente para hacerlo?

En este corto espacio de tiempo fueron corregidores Alonso de Vargas Carvajal, personaje muy influyente, su padre fue alcalde de Lima en 1598 y su abuelo Nicolás de Rivera, uno de los legendarios «Trece del Gallo», fue primer alcalde de Lima. Otro corregidor fue el almirante y capitán Juan de Olea, líder de los del lado Cochuna. En 1614 el corregidor fue el capitán don Francisco de Salazar. Los tres vecinos de Escapagua, designados por la Audiencia de Lima.

INCONVENIENTES

Cuando el pirata Spilberghen amenazó Arica en 1615, el corregidor Francisco de Salazar no tardó en marchar en defensa del puerto como capitán de guerra de una compañía de 50 vecinos de Moquegua cuyo costo asumió él mismo. Fue el primero y más importante socorro que llegó a aquel puerto. Permanecieron en Arica por seis meses. No era el mejor momento para la solicitada fundación.

Don Juan Chacón de Cabrera, que en 1614 se desempeñaba en el respetable cargo de teniente de corregidor en Escapagua, era tan adicto al juego de naipes y dados, en los que aventuraba perder su hacienda y buen nombre, que se compromete ante el notario a no jugar sino pequeñas cantidades, cuatro pesos por juego, y si tiene la debilidad de apostar mayor cantidad se obliga de pagar al Santo Oficio 800 pesos, y ofrece recompensa a quien lo vea y denuncie. Ciertamente no jugaba solo. ¿Hasta qué punto podía enardecer los ánimos de los perdedores de fortuna?

En el lado de Santa Catalina de Moquegua en 1611 era teniente de gobernador el capitán Alonso de Vizcarra, designado por la Audiencia de Charcas. Era nieto de Hernán Bueno, ilustre vecino de Escapagua.

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