POR: MARCELO ALARCÓN YARI
Hay personas que, sin proponérselo, terminan formando parte de la historia de una ciudad. Una de ellas es Jesús Lima, cariñosamente conocido como “Jesulín”, quien celebra 30 años dedicados al noble oficio de peluquero, entre tijeras, espejos, conversaciones y miles de recuerdos que permanecen vivos en el corazón del puerto de Ilo.
Natural de Livitaca, provincia de Chumbivilcas, Cusco, llegó muy joven a Ilo sin imaginar que una inesperada discusión por un corte de cabello cambiaría su destino. Fue en una peluquería del mercado Pacocha donde, tras reclamar porque le habían cortado demasiado el cabello, terminó demostrando sus habilidades con las tijeras. Aquel episodio despertó el interés del peluquero Eservio Mamani, quien lo animó a dedicarse al oficio que hoy abraza con orgullo.
Desde entonces, Jesulín hizo de su peluquería, ubicada en pleno centro de Ilo, mucho más que un negocio. La convirtió en un espacio de amistad, confianza y encuentro de generaciones. Por su sillón pasaron personajes conocidos, autoridades, profesionales y ciudadanos de todas las edades, muchos de los cuales mantienen su fidelidad hasta nuestros días.
Lo más emocionante es que aquellos niños que llegaban acompañados de sus padres hoy regresan convertidos en adultos, llevando a sus propios hijos para que Jesulín continúe haciendo lo que mejor sabe: cortar el cabello y cultivar amistades.
Pero detrás de estas tres décadas existe también una hermosa historia de sacrificio familiar. Gracias a su trabajo, junto a su esposa logró sacar adelante a sus tres hijas, quienes hoy son profesionales. Ese es, sin duda, su mayor orgullo y la recompensa más valiosa de tantos años de esfuerzo.
Su vocación de servicio también trascendió la peluquería, al desempeñar cargos dirigenciales en el barrio 24 de Octubre y ejercer la presidencia del Club Departamental Cusco, filial Ilo, participando activamente en beneficio de la comunidad.
Y hay un gesto que retrata su calidad humana: aquellos clientes de avanzada edad que ya no pueden subir las gradas de su establecimiento reciben ahora sus servicios a domicilio, sin cobrarles una tarifa adicional.
“Ellos me buscaron, me llamaron, me esperaron; entonces ahora me toca a mí servirlos a ellos”, expresa con gratitud.
Hoy, después de 30 años, Jesulín continúa en el mismo lugar, recibiendo a sus clientes con la amabilidad de siempre, agradecido con Ilo, la ciudad que lo acogió y donde construyó su historia familiar.
Porque Jesulín no solamente ha cortado cabello durante tres décadas: ha visto crecer generaciones, ha construido amistades y se ha ganado un lugar especial en el corazón de los ileños.
¡Felices 30 años, Jesulín! Que tus tijeras sigan escribiendo muchas historias más en el querido puerto de Ilo.

