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El terremoto de Moquegua de 1833

Era gobernante del Perú don Agustín Gamarra, cuando se produjo el terremoto del 18 de setiembre de 1833, violento sismo que afectó todo el extremo sur del Perú (Arequipa, Moquegua, Tacna), y el norte chileno, incluida Arica, entonces parte del Perú.

POR: MIGUEL ARTURO SEMINARIO OJEDA (DIRECTOR DEL MUSEO ELECTORAL Y DE LA DEMOCRACIA DEL JNE)  

Pasado el periodo de las luchas por la independencia, el Perú fue sacudido por los movimientos de los caudillos contra sí mismos, buscaban empoderarse en el papel principal de conducir a los peruanos, en el curso de su vida independiente.  Paralelamente, la naturaleza también sacudió al Perú, con movimientos telúricos, que de manera sorpresiva remecían el suelo peruano, y uno de estos fue el terremoto del 18 de setiembre de 1833, que azoto a Moquegua, y a gran parte del sur peruano.

Era gobernante del Perú don Agustín Gamarra, cuando se produjo el terremoto del 18 de la fecha mencionada, violento sismo que afectó todo el extremo sur del Perú (Arequipa, Moquegua, Tacna), y el norte chileno, incluida Arica, entonces parte del Perú. Se registró que el movimiento tuvo mayor intensidad, que el violento sismo del 8 de octubre de 1831, porque los destrozos de 1833 fueron mayores.

Tacna quedó reducida a escombros, quizá con más daños que los habidos en Moquegua, Arequipa, Sama, y Arica; el sismo fue de tal intensidad, que, aunque no tuvo las consecuencias del registrado posteriormente en 1868, este de 1833, también se sintió en Bolivia. Los sacudones en la región parecieran haber tenido una constante, generando un gran temor, como lo mencionaba el Inca Garcilaso de la Vega.

Las pérdidas materiales fueron elevadas, calculadas en varios millones de pesos. En la ciudad de Moquegua, y lugares aledaños, las bodegas de vinos y aguardientes fueron seriamente dañadas, afectando a la economía regional, al inundarse las bodegas por la rotura de las botijas, a esto se sumó la pérdida de las cosechas de uva en el valle de Locumba. Moquegua era famosa por sus vinos y aguardientes, y por sus dulces, dada la producción artesanal y semi industrial se vio afectada.

Rubén Vargas Ugarte registra este episodio, en el séptimo tomo de su Historia General del Perú, y de igual manera aparece mencionado en otras publicaciones sobre historia de la república y del virreinato, como lo hizo José María Valega. La zona de Moquegua fue afectada previamente por grandes sismos como el del 22 de enero de 1582, otro en 1590, que generó la destrucción de Camaná; el 19 de febrero de 1600, un terremoto desencadenó la destrucción de Omate, tras la explosión del volcán Huaynaputina, en la actual provincia de Sánchez Cerro.

El 24 de noviembre de 1604, hubo un gran terremoto y tsunami que afectó tremendamente a Arica, con la destrucción de Arequipa y Moquegua, localidades seriamente dañadas. Posteriormente otros terremotos afectarían la zona, quedándose registrados en la memoria colectiva por muchos años.

Tras el terremoto de 1833, el gobierno peruano de Agustín Gamarra, ayudó a la reconstrucción, exonerando de derechos de entrada a las maderas, era una medida que se tomaría con frecuencia, cuando sequías, inundaciones, terremotos, entre otros fenómenos naturales afectaran a los pueblos del Perú. Apoyaron en 1833 a los damnificados, haciendo también donativos, el obispo de Arequipa José Sebastián de Goyeneche y Barreda y la Casa Gruning, que se había establecido en la región.

Ningún terremoto, ni otro desastre natural han podido frenar el avance de los moqueguanos, que, superando cualquier adversidad, siempre se han mostrado como un pueblo lleno de coraje, y con gran espíritu de superación. Hoy más que nunca existe una cultura de prevención de desastres, en la que se involucra a todas y a todos los peruanos, que ordenadamente aprenden a tomar las prevenciones que da como resultado una menor incidencia en los daños.

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