POR: ANDY PHILIPPS ZEBALLOS
Estos días suelen servir para hacer balance del año que se va. Los balances sirven para darnos cuenta de qué es necesario cambiar, mejorar o preservar de cara al futuro. Un ejercicio útil que podemos aplicar también al ámbito político, económico o social (si es que se puede dividir). Vamos con los 5 datos de un país en crisis y una breve reflexión:
MÁS HOMICIDIOS QUE EN 2024
De acuerdo con el Sinadef, a octubre de 2025 se han registrado 1,888 homicidios a nivel nacional, lo que representa un incremento del 12,8 % con respecto al mismo periodo de 2024. A esta dolorosa cifra hay que añadir que, en lo que va del año, cuatro de las víctimas son periodistas, y todos los casos permanecen impunes.
Los policías implicados en la muerte de Eduardo Ruiz el pasado 15 de octubre, en pleno centro de Lima, también siguen en libertad. A ello se suma que los responsables del asesinato de Inti y Bryan (2020), así como de los más de 50 asesinados durante el régimen de Dina Boluarte (2022–2023), permanecen impunes cuando ya es casi 2026.
PERÚ, EL PAÍS CON MAYOR INSEGURIDAD ALIMENTARIA DE SUDAMÉRICA
En el país donde se come más rico, se pasa hambre. El 51,7 % de los peruanos vive bajo inseguridad alimentaria moderada o severa. Es decir, 17,6 millones de personas no tienen garantizada una dieta saludable.
Por su parte, las tasas de anemia infantil siguen cercanas al 44 %, sin mejoras relevantes en los últimos diez años, lo que refleja que el Estado peruano sigue sin resolver los problemas más básicos.
AL 2030, EL 58 % DE LA POBLACIÓN PERUANA VIVIRÁ CON ESCASEZ DE AGUA
No es un dato reciente, pero en 2025 ha cobrado fuerza debido a las sequías y cortes de agua sufridos en distintos territorios de nuestro país.
Se habla de estrés hídrico cuando la demanda de agua es más alta que la cantidad disponible durante un periodo determinado o cuando su uso se ve restringido por su baja calidad. En ese sentido, de acuerdo con una publicación del CEPLAN, regiones como Ica, Lima, Lambayeque, Arequipa, Tacna y Moquegua son las más afectadas.
Aunque el Perú se encuentra entre los países con mayor abundancia de agua dulce en el mundo, existe una profunda desigualdad en su distribución, producto de la concentración poblacional en la costa y de la elevada demanda de sectores como el agroexportador y la minería.
PERÚ, DONDE MÁS SE REDUCE LA “CLASE MEDIA” EN SUDAMÉRICA
De acuerdo con el Banco Mundial, la clase media en el Perú —medida según la línea de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) de 2017— se redujo en 5,4 puntos porcentuales entre 2019 y 2023. Como resultado, el país pasó del penúltimo al último lugar en este ranking, con apenas el 28,3 % de su población en condición de clase media.
Esta situación contrasta marcadamente con la de Uruguay y Chile, que lideran la clasificación con 67,7 % y 65,8 %, respectivamente. Asimismo, en otros países vecinos como Brasil, Colombia y Bolivia, la proporción de clase media aumentó en 3 %, 2,8 % y 1,3 %, respectivamente, durante el mismo periodo.
La mayor reducción se registra en el Perú, a mi entender, como consecuencia de un modelo político-económico que privilegia la idea de un “Estado mínimo” y que, en lugar de consolidar una clase media, ha producido una clase precaria con aspiraciones de clase media. Es decir, aunque una mayor parte de la población accedió a un empleo —mayoritariamente informal y, en algunos casos, mejor remunerado— durante los años del llamado “crecimiento económico” (2004–2019), ello no se tradujo en mayor seguridad social, acceso a vivienda digna ni en una mejor cobertura sanitaria.
Así, la pandemia y el consecuente confinamiento empobrecieron rápida y gravemente a gran parte de la población, especialmente a ese 70 % que trabaja de manera informal y que suele vivir al día. Pero esto, como se ha demostrado, podría haberse evitado o combatido mejor con un Estado fuerte y preocupado por las mayorías sociales.
36 CANDIDATOS A LA PRESIDENCIA Y ¿36 VISIONES?
Sí, tenemos 36 candidatos/as a la presidencia de la República, lo que no implica renovación: más del 80 % ya han competido en comicios previos y, por lo escuchado, la enorme mayoría está de acuerdo con “mantener el modelo económico”, “mano dura para los delincuentes” y “menos Estado porque es ineficiente”.
Veremos algunas caras nuevas y promesas de cambio, pero ¿acaso una gran mayoría de los 36 no sigue apostando por un modelo cuyo balance es, en general, negativo para los trabajadores?, ¿acaso una gran mayoría de los 36 no respaldó —o mantuvo un cómplice silencio— el violento actuar de la PNP en Ayacucho y Puno?, o ¿cuántos de los 36 proponen mano dura para los rateros, pero se oponen a que los ricos y la gran empresa paguen sus impuestos para financiar mejor salud y educación?
Si queremos cambio y no recambio, necesitamos analizar trayectorias: medir coherencia entre lo que ha hecho en las últimas décadas y lo que ahora dice defender. Preguntarnos si pretende enfrentar una crisis histórica con las recetas de siempre o si, más bien, su diagnóstico de país es honesto con lo que vive y sus compromisos están a la altura.

