POR: NOLBERTO ARATA HURTADO
El nuevo Aeropuerto Internacional Jorge Chávez ha sido diseñado por ingenieros que no han pensado en la generalidad de los pasajeros, sino en algunos atletas calificados, porque las instalaciones, tal como han sido concebidas, no brindan tranquilidad, sino generan incomodidad y desgaste al pasajero.
Tiene larguísimos pasadizos que, desde que se desciende del avión hasta llegar a la salida, resultan monótonos y extensos.
Imagino que en el futuro implementarán cintas transportadoras para facilitar el trayecto de los pasajeros y su equipaje.
Para los viajeros con alguna limitación, el tránsito a pie por espacios tan grandes es difícil y agotador, pudiendo incluso ocasionar algún percance.
He visto a personas que, por no conocer el sistema, no han solicitado asistencia con silla de ruedas y lo pasan muy mal al recorrer estos trayectos.
Nos han vendido que las nuevas instalaciones son lo máximo, equiparables con los mejores y más famosos aeropuertos, lo cual resulta una exageración. Si bien es cierto que se ha pasado de 30 a 300 hectáreas, el crecimiento ha sido en espacio, pero no necesariamente en la calidad del servicio al pasajero.
Las áreas de tránsito peatonal desde la salida hacia el servicio público de autobuses han sido construidas sin considerar el traslado de maletas. El piso no es continuo, sino que presenta superficies irregulares, como bloques, lo que genera un constante movimiento incómodo para las maletas y carritos.
Los buses tampoco son modernos, de un solo nivel y de fácil acceso, sino que cuentan con gradas reducidas que dificultan el ingreso con equipaje.
Sugiero a los viajeros con limitaciones o dificultades de movilidad solicitar asistencia con silla de ruedas desde el avión hasta la salida. Desde ese punto, pueden utilizar los carritos que transportan pasajeros hacia los buses de servicio urbano, ya que el uso de taxis implica costos elevados o incluso prohibitivos.


