lunes, 16 de febrero de 2026
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El negocio detrás del voto: cómo las empresas de merchandising impulsan campañas políticas

Polos, gorras, chalecos, banderolas, llaveros y hasta botellas reutilizables forman parte de una estrategia…

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POR: DAVID DIEGO OVIEDO TURPO

En cada proceso electoral, más allá de los discursos, debates y promesas, existe una industria que trabaja intensamente en segundo plano: las empresas de merchandising político. Polos, gorras, chalecos, banderolas, llaveros y hasta botellas reutilizables forman parte de una estrategia que combina marketing, logística y psicología del consumidor. Lejos de ser simples objetos promocionales, estos productos se convierten en herramientas clave de posicionamiento y recordación electoral.

El merchandising político cumple una función estratégica: transformar un mensaje abstracto en un símbolo tangible. Cuando un simpatizante viste un polo con el nombre de un candidato o utiliza una gorra con los colores de un partido, se convierte en un canal móvil de comunicación. Cada objeto distribuido amplía el alcance de la campaña sin necesidad de invertir en espacios publicitarios tradicionales. Es marketing de proximidad, directo y altamente visible.

Desde el punto de vista empresarial, este sector se caracteriza por tres factores críticos: volumen, velocidad y personalización. Las campañas políticas operan con plazos cortos y alta presión, lo que exige producción rápida y distribución eficiente. Las empresas que dominan la logística, aseguran abastecimiento oportuno y mantienen estándares de calidad consistentes, obtienen ventaja competitiva. No se trata solo de imprimir miles de polos, sino de hacerlo con coherencia visual y alineación estratégica.

Además, el merchandising electoral ha evolucionado. Hoy no basta con colocar un nombre en una camiseta. Las campañas más sofisticadas integran storytelling, identidad gráfica sólida y hasta códigos QR que conectan con redes sociales o plataformas digitales. El souvenir se convierte así en una puerta de entrada a la estrategia digital del candidato. Incluso la sostenibilidad empieza a jugar un papel importante: bolsas ecológicas o artículos reutilizables proyectan una imagen responsable y moderna.

Sin embargo, este negocio también exige profesionalismo y ética. Las empresas proveedoras deben conocer la normativa electoral vigente, emitir comprobantes formales y garantizar transparencia en los procesos. La reputación es un activo fundamental, especialmente cuando se trabaja con organizaciones políticas que manejan recursos fiscalizados.

Para quienes desean incursionar o fortalecer su presencia en este rubro, algunas recomendaciones son clave:

  • Primero, desarrollar paquetes escalonados (básico, intermedio y premium) que se adapten a distintos presupuestos de campaña.
  • Segundo, ofrecer asesoría en diseño estratégico, no solo impresión; agregar valor consultivo genera diferenciación.
  • Tercero, invertir en capacidad de respuesta rápida y alianzas regionales que permitan cubrir múltiples zonas geográficas sin retrasos.
  • Cuarto, incorporar innovación, materiales sostenibles o integración digital, para destacar frente a competidores tradicionales.

En conclusión, el merchandising político no es un gasto accesorio, sino una inversión estratégica dentro de la maquinaria electoral. Las empresas que entienden la dinámica del voto como un proceso emocional y simbólico logran posicionarse como aliados fundamentales de las campañas. En el negocio detrás del voto, cada objeto cuenta una historia, y cada historia puede influir en una decisión.

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