Lic. Adm. David Diego Oviedo Turpo
N° COLEG: 33359
Analista de empresa, economía y TIC
Hace unos años, capacitar a un equipo significaba reservar un salón, bloquear una mañana entera y cruzar los dedos para que nadie revisara el celular por debajo de la mesa. Ese modelo ya no resiste la velocidad con la que cambian los negocios. En 2026, el microlearning cápsulas de tres a cinco minutos, pensadas para el celular y para el momento exacto en que se necesitan dejó de ser una moda de recursos humanos para convertirse en la forma en que las empresas realmente aprenden.
La razón tiene que ver con cómo funciona la memoria. Un curso de ocho horas satura, y a los pocos días el colaborador recuerda apenas fragmentos sueltos. En cambio, una píldora breve y repetida se queda. McKinsey lo señala en sus informes sobre el futuro del trabajo: la formación ya no puede ser una actividad separada de la operación, sino tejerse dentro del flujo laboral, en el mismo chat o la misma app donde el equipo ya trabaja.
En el Perú, esta transición ya se nota. El BCP, por ejemplo, ha migrado parte de su formación en educación financiera y digitalización hacia formatos cortos y virtuales dentro de programas como Contigo Emprendedor, dirigidos tanto a colaboradores como a microempresarios de su cadena de valor. Interbank, por su parte, viene reforzando una cultura de upskilling permanente, con rutas de desarrollo que privilegian contenidos ágiles antes que el curso extenso y único. Y en el otro extremo del tejido empresarial, el 99.1% que representan las mypes, el Estado con programas como Tu Empresa (Produce) o Capacitación MYPE empuja en la misma dirección: sesiones cortas y aplicables de inmediato, porque el dueño de una bodega o un taller textil no tiene una tarde libre para un aula.
La inteligencia artificial está acelerando esta transformación. Ya no se trata solo de acortar el contenido, sino de adaptarlo: un asistente que identifica qué necesita reforzar cada colaborador y le entrega justo esa cápsula, en el momento en que la va a usar. Es la diferencia entre enseñar a todos lo mismo y enseñarle a cada quien lo que realmente le falta.
Por supuesto, el microlearning no es una fórmula mágica ni reemplaza toda formación profunda. Hay conocimientos técnicos, normativos o de especialización que sí requieren tiempo y profundidad. Pero como estrategia para instalar hábitos, actualizar procesos o resolver esa brecha de habilidades que hoy envejece más rápido que cualquier plan de capacitación anual, es difícil encontrar un formato más eficiente.
Finalmente, las empresas peruanas que ya aplican estos formatos como los bancos, corporaciones y también mypes apoyadas por programas públicos entendieron algo básico: en un entorno donde el tiempo es el recurso más escaso, capacitar en dosis pequeñas y constantes es más realista que hacerlo en bloques largos y esporádicos. El curso tradicional no desaparecerá del todo, pero ocupará cada vez un espacio más chico frente a esta manera, más humana y práctica, de aprender trabajando.

