POR: ENRIQUE RIVERA SALAS
Hoy 14 de febrero celebramos el Día del Amor y la Amistad (Día de San Valentín), donde esposos y enamorados viven el día más romántico del año, cautivándose con declaraciones de sus sentimientos, flores, regalos y frases de amor. Pero considero necesario, con las disculpas del caso, compartir lo siguiente para que lo tomen en cuenta.
El amor es el principio que crea y sustenta las relaciones humanas con dignidad y profundidad. Es la base de la ecuanimidad entre el espíritu y la persona. No es solo deseo, pasión o un sentimiento intenso hacia una persona u objeto, sino una conciencia desinteresada que a la vez satisface el propio ser. El amor emana de la verdad y de la sabiduría; el amor basado en la sabiduría es amor real, no es un amor a ciegas. Descubrir sus secretos es observar cómo se revelan los secretos de la vida. Cuando el amor es verdadero y espiritual entre dos personas, no hay espacio para enemistad, odio, ira o celos, pues los sentimientos negativos se transforman en positivos gracias a la serenidad que este brinda. Para impulsarlo y promover lo que se debe respetar, es necesario vivir en armonía y practicar siempre la comprensión.
La amistad, por su parte, es un sentimiento compartido entre personas que buscan conocerse y comprenderse, procurando el bien común. Para desarrollar una sólida amistad deben nacer el respeto, la paciencia y la constancia, saber perdonar sin dejar de corregir. Su verdadero valor se forma cuando se cultivan la lealtad y la hermandad. Un amigo siente como propios los sentimientos del otro, sean positivos o negativos, y se inclina a apoyarlo cuando lo necesita. El verdadero amigo no es solo compañero de diversión, sino alguien que ayuda a crecer.
Sobre el origen de este día, la historia señala que el nombre de San Valentín se relaciona con varios mártires perseguidos y ejecutados en la antigua Roma por profesar la fe cristiana. Se cree que uno de ellos fue un sacerdote ejecutado y enterrado en la Vía Flaminia, al norte de Roma, un 14 de febrero. Durante el siglo III, en tiempos del emperador Claudio II, Roma atravesaba guerras continuas y el emperador tenía dificultades para reclutar soldados. Convencido de que el apego a la familia debilitaba el desempeño militar, prohibió el matrimonio entre los jóvenes soldados. El sacerdote Valentín desafió esta disposición celebrando matrimonios en secreto. Al ser descubierto, fue arrestado e interrogado por el emperador, quien intentó persuadirlo para que abandonara su fe. Valentín se negó y fue condenado a muerte. Según la leyenda, antes de su ejecución realizó un milagro al devolver la vista a la hija de su carcelero y le dejó una nota firmada: “De parte de Valentín”.
Finalmente me permito transcribir algunos versos que escribiera la poetisa, Carolina Coronado en soneto de amor:
¡Oh, cuál te adoro!
¡Oh, cuál te adoro! Con la luz del día
tu nombre invoco, apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.
Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se encuentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.
No hay canto que en el labio se me forme
que no lleve tu nombre; ni un momento
dejo de amarte con amor conforme.
Si en el mundo de luz mi pensamiento
vuela a buscarte, en tu presencia informe
se pierde el alma y se suspende el acento.

