sábado, 7 de febrero de 2026
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¿Democracia o negocio de unos pocos?

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POR: ANDY PHILIPPS ZEBALLOS (POLITÓLOGO)

Escuchamos hasta el hartazgo que los congresistas se aumentan el sueldo o aprueban “leyes procrimen” para “fortalecer la democracia”; que el Tribunal Constitucional valida estas decisiones para “fortalecer la democracia”; que el gobierno declara estados de emergencia y suspende derechos para “fortalecer la democracia”; que los grupos de poder económico, que controlan los principales medios de comunicación, sugieren que no protestemos porque “desestabiliza la democracia”.

Estas minorías también nos ordenan que, si no estamos de acuerdo con ellos, “votemos mejor para así fortalecer la democracia”. Pero, ¿qué es democracia y por qué no es el mejor concepto que define el sistema político peruano actual?

¿PLUTOCRACIA, ERES TÚ?

La democracia, como la poesía, es difícil de definir. Les propongo utilizar 3 formas de entenderla: el etimológico, el procedimental y el sustantivo. Desde la etimología, que estudia el origen de las palabras, la palabra “democracia” viene del griego demos (pueblo) y kratos (poder). Así, etimológicamente, significa “el poder del pueblo”.

Luego, el politólogo Robert Dahl, desde una visión procedimental, plantea que para que a un sistema político se le pueda llamar democrático deben existir mecanismos claros y garantizados de competencia, participación y control electoral. Estos mecanismos están muy asociados a los derechos civiles y son siete:

  • los gobernantes deben ser elegidos por la ciudadanía, no impuestos por la fuerza ni heredados;
  • las personas puedan opinar, criticar al gobierno y debatir sin miedo a represalias;
  • todos los adultos tienen derecho a votar, sin exclusiones arbitrarias;
  • los ciudadanos pueden asociarse libremente en partidos, sindicatos, movimientos sociales, etc.;
  • así como pueden postular a cargos públicos, con restricciones mínimas.

Esta visión procedimental añade la necesidad de que se den:

  • elecciones libres, limpias y periódicas; y
  • que se promueva la prensa libre y plural, sin ser monopolizada por el Estado ni por un solo grupo de poder.

De esta manera, la ciudadanía sabría los procedimientos y podría acceder al poder, disputarlo y remover a sus gobernantes.

Ahora bien, que el sistema jurídico reconozca estos mecanismos mediante leyes no significa necesariamente que se cumplan. Es más, seguramente ya has advertido que más de uno no se cumple en absoluto. Y es que, en los países de América Latina, los mecanismos democráticos, como los derechos, se cumplen de iure pero no de facto.

La tercera forma de entender la democracia es la sustantiva, propuesta por el politólogo Guillermo O’Donnell, quien dice que, si bien es importante reconocer los derechos civiles y los mecanismos citados para hablar de democracia, estos son ejercidos a medias si el Estado no garantiza derechos sociales. Que, incluso, si los siete mecanismos son reconocidos constitucionalmente pero no ejercidos por las grandes mayorías, como máximo podemos hablar de democracias delegativas, pero no completas.

PERO, ¿POR QUÉ SIN DERECHOS SOCIALES GARANTIZADOS NO HAY DEMOCRACIAS COMPLETAS?

En corto, porque no hay ciudadanía. Esta visión (sustantiva) necesita de un Estado con capacidad real que haga cumplir la ley y que garantice en la práctica derechos como el trabajo, la salud y la educación de calidad.

Por ejemplo, si no entendemos lo que leemos o vamos mal alimentados al centro de estudio, no nos informaremos bien o nos desinformarán y, por tanto, seremos presa fácil de la demagogia, cuando no de mentiras, de los poderosos y sus grandes medios de comunicación.

Del mismo modo con la salud y los cuidados. Si un familiar cercano tiene la salud deteriorada o es un recién nacido, probablemente todo tu “tiempo libre” lo utilizarás para cuidar a esa persona, ver por sus medicinas, etc. Y sin salud ni tiempo libre, seguramente tus recursos para participar políticamente —ni qué hablar electoralmente— serán mucho menores que los de los poderosos.

En el fondo, esta visión resalta la incompatibilidad de sociedades altamente desiguales económicamente, como la nuestra, con una democracia completa. Sin mencionar la desigualdad de género, el centralismo, el terruqueo o el racismo, que se atraviesan e inclinan de tal forma la balanza que termina orillándonos a delegar el poder del soberano, el del pueblo, a unos pocos, normalmente adinerados (plutocracia: el poder de los ricos).

Y, en mi modesta opinión, este concepto de plutocracia, con sus poderosos de la economía formal, informal e ilegal, ayuda a definir con mayor precisión lo que en estos momentos tenemos en el Perú: una democracia delegativa de rasgos plutocráticos y delictivos.

PD: Si me preguntan si en estas próximas elecciones hay propuestas que plantean superar esta plutocracia y transitar hacia una democracia sustantiva y verdadera, yo creo que sí y pasan por una constituyente ciudadana.

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