¿Conmemorar a las mujeres sin reflexionar sobre el rol de los varones?

La conmemoración del Día Internacional de la Mujer invita no solo a reconocer la lucha femenina por la igualdad, sino también a cuestionar el papel de los varones frente al machismo y la violencia de género.

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POR: ABOG. JESÚS MACEDO GONZÁLES

Un colega de la universidad me contaba que el Gobierno Regional de una región lo había invitado a exponer en un evento por el Día de la Mujer, debido a su experiencia e investigaciones vinculadas con este tema. Sin embargo, un día antes del evento le comunicaron que solamente participarían mujeres como expositoras. Él, sorprendido, me preguntó: ¿Conmemorar el Día de la Mujer significa que solo las mujeres pueden hablar? ¿Los varones no tenemos nada que aportar?

En primer lugar, recordemos que esta fecha se conmemora para reconocer la lucha histórica por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, tal como lo estableció la ONU desde 1975. Es una jornada de reflexión sobre los derechos de las mujeres, la igualdad de género y la eliminación de la violencia contra ellas. No es —o no debería ser— una ocasión para regalar flores por “ser mujer”; esa práctica termina convirtiendo la fecha en algo trivial y comercial.

Volviendo a la pregunta de mi amigo, no se puede conmemorar el Día de la Mujer escuchando únicamente a las mujeres, porque la lucha por la igualdad implica también una transformación profunda en los varones. Por ejemplo, ¿hemos renunciado al machismo que nos hace creer superiores? ¿Hemos dejado atrás actitudes que oprimen o silencian? ¿Acaso han disminuido los casos atendidos por los Centros de Emergencia Mujer? Lamentablemente, todos los días se registran casos de violencia, y la mayoría son perpetrados por varones. ¿Cómo celebrar cuando esta realidad persiste?

También es válido preguntarse si tiene sentido que algunos eventos del Día de la Mujer excluyan a los varones, cuando buena parte de la violencia que sufren las mujeres proviene de ellos. ¿Cómo avanzar si quienes ejercen el poder y la violencia quedan fuera de la conversación? Por otro lado, dicha violencia muchas veces es invisibilizada dentro del hogar: una niña no es escuchada y luego se convierte en víctima de una violación sexual; otras veces, la propia madre repite patrones machistas aprendidos, no por mala intención, sino por ausencia de reflexión, aunque con graves consecuencias.

Otro amigo, hace años, me comentaba la alegría que sintió al saber que su primera hija sería mujer. No obstante, los comentarios de otros hombres insinuaban que “mejor hubiera sido un varón”. Expresiones como “el hombre cae parado y la mujer no” reproducen una discriminación cultural profundamente arraigada, tanto en hombres como en mujeres. Muchos decían: “Mujer no, pobrecita, va a nacer para sufrir”. Es decir, la niña no ha nacido y culturalmente ya está condenada a ser víctima de las violencias de nuestras estructuras mentales.

Recuerdo que a mis doce años le pedí a mi madre que me enseñara a cocinar. Ella accedió con gusto. Mientras me enseñaba a freír un huevo, mi abuela —una mujer disciplinada y respetuosa— entró y le gritó a mi madre: “¿Cómo le vas a enseñar a cocinar al chico? ¡Se va a quemar! ¡Tú eres mujer, tú eres su madre!”. Y así mis clases de cocina quedaron suspendidas hasta que mi abuela falleció y mi madre me dejó las recetas en un cuaderno. Este episodio ilustra cómo los roles de género no son algo “natural”, sino impuestos, y cómo los varones debemos cuestionar estas ideas que relegan a las mujeres al trabajo doméstico.

¿Cómo conmemorar el Día de la Mujer si aún hay hombres que abandonan a sus parejas con varios hijos, dejándolas asumir solas la crianza y el sustento? Esas mujeres —que trabajan con sus bebés a cuestas, que luchan en silencio, que son madres y proveedoras— merecen un homenaje real. Sin embargo, muchas de ellas permanecerán invisibles y no participarán en celebraciones oficiales.

Mientras algunas mujeres profesionales, empoderadas y con mayores oportunidades celebran su día —algo totalmente válido—, otras estarán vendiendo frutas en la calle, soportando violencia doméstica o enfrentando discriminación por ser niñas, por hablar quechua, aimara o lenguas originarias. Unas recibirán flores; otras seguirán trabajando en la chacra, ganando menos que los varones por el mismo trabajo.

Por eso, no se puede hablar del Día de la Mujer sin que los varones hagamos autocrítica: ¿cuánto poder hemos compartido? ¿Cuánta confianza brindamos a nuestras hijas, esposas y compañeras? ¿Cuánto machismo hemos desaprendido a lo largo de nuestra vida? ¿Cuántos roles hemos asumido en casa y en el trabajo, y no solo aquellos que tradicionalmente se consideran “de hombres”?

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