POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA
En el Perú nunca te aburres, frase de ensueño o de pesadilla, según se aprecie. Sí, y sobre todo en nuestra variopinta coyuntura política, donde diariamente sorprende con noticias alarmantes, sino funestas.
Corría el 7 de diciembre de 2022 y el mandatario, cuyo eslogan de campaña electoral fue “no más pobres en un país rico”, anunciaba en cadena nacional un golpe de Estado que, felizmente, no encontró resonancia al interior de nuestra benemérita Policía Nacional ni de las Fuerzas Armadas, quienes, junto al Ministerio Público y el Poder Judicial, detuvieron al transgresor del orden constitucional, poniéndolo tras los barrotes, cumpliendo desde noviembre de 2025 una condena de más de 11 años.
Luego de este bochornoso acto delincuencial, asumió Dina Boluarte hasta que el 10 de octubre pasado el Congreso de la República la destituyó por “incapacidad moral permanente”. Tocó así la conducción de la nación al entonces titular del Parlamento, un casi desconocido José Jerí.
Raudamente se instaló en Palacio de Gobierno y puso literalmente el “manos a la obra”, recorriendo —principalmente de madrugada— comisarías, penales, hospitales y viajando al interior del suelo patrio maratónicamente, con hartas promesas, principalmente a los más vulnerables. Con creciente popularidad (bordeando el 60% según sondeos del momento), asumimos que llegaríamos “a toda máquina” al 28 de julio próximo. Pero no fue así. Nos equivocamos, nuevamente.
Salió a la luz el caso conocido como el “chifagate” y, a los días, se supo de las contrataciones clandestinas y presuntamente irregulares, principalmente de féminas relativamente jóvenes —a quienes, por cierto, no se les quita sus pergaminos académicos y experiencia previa laboral— que “suertudamente” encontraron la oportunidad de trabajo en el Despacho Presidencial. No fue una ni dos, sino más de diez las señoritas beneficiadas por Jerí Oré.
Las explicaciones del nobel jefe de Estado no callaron el malestar de los legisladores ni de los medios de comunicación y, con el devenir de los días, llegó la censura. Así, José Jerí se despedía como inquilino en el Sillón de Pizarro.
Y como suele ocurrir que tomamos decisiones sin mirar el mañana, resulta que —voluntariamente o no, da lo mismo— omitimos la interrogante: ¿quién lo reemplazará?
“A río revuelto, ganancia de pescadores” fue la frase que resonó, y salió elegido José María Balcázar, de Perú Libre. Sí, el correligionario del “huésped permanente” en Barbadillo. Lo que sigue no es historia, toda vez que la seguimos escribiendo, y aún restan cinco meses para el cambio de mando. En el camino anda el, hasta ahora, no decidido voto de confianza al gabinete Miralles.
Sin embargo, cuando creímos que ya pasó lo peor, nos equivocamos. Nuevamente.
Este 28 de febrero —sí, hace tan solo unos días— el Ilustre Colegio de Abogados de Lima abrió sus puertas para elegir al Decano de la Orden. Al caer la tarde, el recuento de los votos arrojó que ningún candidato llegó al 50% de los votos y, por ende, habrá segunda vuelta entre Humberto Abanto y Delia Espinoza.
Sí, la exfiscal de la Nación recientemente destituida por la Junta Nacional de Justicia, al negarse a reponer en el cargo de fiscal suprema a la doctora Patricia Benavides, aunque un mes antes el pleno del Congreso, por amplia mayoría, la inhabilitó por 10 años para ejercer la función pública.
Sí, aquella magistrada que denunció a todo aquel alto funcionario que no comulgase con su forma de actuar. El caso de la exmandataria Boluarte fue emblemático, con más de 40 denuncias, archivadas después en la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales.
Sí, y ahora asumamos que salga electa, siendo obvio que utilizará ese poder para inhabilitar del ejercicio profesional a cuanto opositor a sus intereses.
Sí, pareciera, a ratos, que estamos condenados como sociedad al fracaso. Nuevamente.

