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Con mecha corta

Es indudable que el cambio de gabinete le da un importante respiro político al gobierno del presidente Pedro Castillo, pero también es cierto que en medio de la actual turbulencia política estamos frente a un gabinete de mecha corta y sin margen de error.

POR: MAURICIO AGUIRRE CORVALÁN   

Después de un poco más de dos meses en el cargo, el presidente Pedro Castillo decidió renunciar a Guido Bellido. El mandatario decidió, un poco tarde valgan verdades, dar un giro de timón a su administración y apostar por un gabinete más homogéneo, con un mayor conocimiento de la cosa pública y a primera vista con perspectivas de una mucho mejor capacidad de gestión.

Se trata de un equipo de trabajo más estructurado, con ideas progresistas y que se nutre de partidos de izquierda más modernos, lejos de esa izquierda conservadora y anquilosada representada por Vladimir Cerrón y Perú Libre.

Pero esto no significa, y hay que tenerlo bien presente, que el gobierno de Pedro Castillo haya pegado un salto hacia el centro del espectro político. El presidente ha decidido darle la gobernabilidad a su gestión apoyado en Nuevo Perú, Juntos por el Perú y el Frente Amplio, tres partidos de izquierda que están de acuerdo con una asamblea constituyente para cambiar totalmente la constitución, no ven con malos ojos la nacionalización de recursos estratégicos y están convencidos de que se tiene que cambiar el régimen económico para que el Estado tenga un rol protagónico en la regulación de la economía.

La decisión presidencial de romper con Vladimir Cerrón y Perú Libre y cobijarse en la izquierda más progresista ha sido un paso audaz. Castillo sabe que esta ruptura puede convertir a sus antiguos socios en una oposición incluso más dura que la propia derecha radical. El congresista Waldemar Cerrón junto a la mayoría de la bancada de Perú Libre ya calificó de traición el paso dado por el mandatario y eso no es poca cosa. Fue vienen tiempos difíciles para el gobierno que deberá enfrentar dos oposiciones radicales, una de izquierda y otra de derecha.

La ruptura con Perú Libre debería llevar inevitablemente a la división de la bancada, que ya mostraba insalvables diferencias entre cerronistas y castillistas. La bancada de Perú Libre cuenta con 37 congresistas y tiene dos facciones bien definidas. Los cerronistas que suman 21 legisladores y los castillistas que agrupan a 16 de ellos. El presidente busca convencer a la mayor cantidad posible de cerronistas para consolidar una bancada propia de más de 20 congresistas, que sumados a los votos de Juntos por el Perú y el Partido Morado le otorgue una importante y decisiva capacidad de negociación en el Congreso.

Este cambio de gabinete de todas maneras obligará a la oposición, sobre todo la más radical, a repensar sus estrategias. El gobierno ha cambiado el caos de Bellido por la empatía y capacidad negociadora de Vásquez y en ese escenario seguir apostando por la confrontación e insistir con la vacancia presidencial, por lo menos en esta coyuntura, puede terminar convirtiendo a la oposición, de acuerdo con la percepción pública, en la responsable de la ingobernabilidad del país.

En este contexto, será clave descubrir cuál será el papel de partidos como Alianza para el Progreso, Acción Popular y Podemos Perú, que no pocas veces se han desmarcado de la oposición radical de Fuerza Popular, Renovación Popular y Avanza País, y que pueden ser el fiel de la balanza para lograr acuerdos con el gobierno. La insistencia del Congreso en la ley que interpreta la cuestión de confianza, observada por el Ejecutivo, será la primera prueba de la capacidad de negociación y de llegar a consensos del nuevo gabinete.

Es indudable que el cambio de gabinete le da un importante respiro político al gobierno del presidente Pedro Castillo, pero también es cierto que en medio de la actual turbulencia política estamos frente a un gabinete de mecha corta y sin margen de error. Todavía no está claro si marcará un cambio de rumbo del gobierno o se insistirá en propuestas como la asamblea constituyente y otras ofrecidas en campaña electoral, y que ahora Perú Libre exige al presidente Castillo se cumplan.

Hasta ahora los mensajes parecen ser de tranquilidad, pero todo dependerá de la predictibilidad que el presidente y su nuevo gabinete puedan imprimirles a sus decisiones de gobierno, algo fundamental para recuperar la confianza, con todo lo que eso conlleva en términos de inversión privada, reactivación económica y generación de empleo; y sobre todo gobernabilidad.

Se viene semanas difíciles para el gabinete Vásquez. Veremos si está a la altura del reto.

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