POR: MIGUEL ARTURO SEMINARIO OJEDA (RESPONSABLE DEL MUSEO ELECTORAL Y DE LA DEMOCRACIA DE LA DNE DEL JURADO NACIONAL DE ELECCIONES)
Hay fechas trascendentes en la historia del Perú, asociadas a los hombres y mujeres que dejaron huellas trascendentes en su patria, y de igual manera permanecen en la memoria colectiva hechos sociales e individuales que serán recordados por siempre. 1919 fue un año clave para la historia peruana, porque está asociado al inicio de un gobierno que, desde julio de ese año, se prolongó hasta 1930, y sería recordado como La Patria Nueva, con su protagonista principal, don Augusto B. Leguía.
EL GOBIERNO, LAS ALABANZAS Y LOS ESTIGMAS
El segundo gobierno de Augusto Bernardino Leguía Salcedo es denominado “Oncenio de Leguía” o “Patria Nueva”. Fueron 11 años continuos en que la figura del recordado lambayecano se ligó al ejercicio del poder político en el Perú, quedando su nombre en la memoria colectiva y, sobre todo, en los lugares donde las obras de modernización de la sociedad peruana se mantienen hasta hoy.
Su figura fue muy desgastada por sus críticos, pero la realidad hace ver que Augusto Bernardino Leguía Salcedo entró muy rico al ejercicio de la Presidencia de la República y terminó pobre. Su propia casa fue víctima de la destrucción de las turbas, y su gobierno sería señalado por quienes lo estigmatizarían con una serie de adjetivos que llegaron hasta varias décadas después de su muerte, ocurrida en febrero de 1932.
La época de gobierno de Augusto Bernardino Leguía, asociada a La Patria Nueva, se inició el 4 de julio de 1919, después de la indecisión del Congreso por determinar qué candidato era el ganador en el proceso electoral de ese año. Sospechando Leguía que no se admitiría su triunfo de 1919, se hizo del poder con apoyo de un grupo de militares de alto nivel, que tomaron como medida la destitución del presidente José Pardo y Barreda. De inmediato, la Constituyente elegida procedió a elaborar una nueva Constitución, que entre otros puntos consideró prolongar la duración del periodo presidencial de cuatro a cinco años, como se estableció a través de un plebiscito.
Fue durante este periodo que dos lectores de las obras de Manuel González Prada, Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, sentaron las bases de la polarización ideológica de los peruanos en dos grandes grupos: los apristas y los izquierdistas. Estos últimos, con diversos nombres, finalmente se atomizaron en la escena política de la segunda mitad del siglo XX.
LA PATRIA NUEVA
En su propuesta de gobierno, Leguía popularizó el término “Patria Nueva”, que, de acuerdo con la temprana interpretación del historiador Jorge Basadre, se refería al rompimiento del viejo orden y a establecer un nuevo orden, distinto al modelo anterior, donde el actor principal fue el civilismo.
La Patria Nueva parte de bases económicas, políticas y sociales distintas a las del tiempo precedente. Se asociaba a la modernización del Perú, a su integración carretera y a la definición de sus fronteras, porque hasta entonces los únicos límites establecidos eran con el mar. Se asegura que La Patria Nueva hizo que se la identificara más con un esfuerzo de modernización material y con el desarrollo de una economía capitalista. La propuesta de la “Patria Nueva” planteada por Leguía se basaba esencialmente en educar a las masas y erradicar las tasas porcentuales del analfabetismo que limitaban el ejercicio de la ciudadanía entre los varones.
Asimismo, mejorar la justicia y propiciar la cooperación entre las distintas clases sociales, y romper la mentalidad colonial estamental que oponía a los estratos sociales como grupos irreconciliables. De igual manera, democratizar el régimen político nacional, asociando la práctica del voto plebiscitario como una actitud de respeto a los ciudadanos para que no se impusieran las decisiones desde arriba.
La Patria Nueva también se asocia con el fortalecimiento del prestigio internacional del Perú, para que el país se convirtiera en un foco de inversiones del capital extranjero y para que el turismo contribuyera a universalizar la figura del Perú ante el mundo. En el campo político, pese a que la Constitución de 1920 prohibía la reelección presidencial, Leguía fue reelegido dos veces, tras hacerse enmiendas constitucionales, y siguió gobernando con apoyo de los dirigentes de las principales fuerzas políticas de ese momento. Quizá por conveniencia, o quién sabe por qué razones, gran parte de la clase política estaba de acuerdo con la continuación de Leguía en el poder.
Quizá uno de los retos para el gobierno de La Patria Nueva fue hacer frente al problema del campesino, al punto que se estableció un día para celebrar el Día del Indio, y se creó el Patronato de la Raza Indígena con una oficina de asuntos indígenas. Eran tiempos del primer indigenismo; hubo una gran preocupación por la condición del indio y por el rescate de sus tradiciones.
En reconocimiento al gobierno de Leguía, se destaca que fue en la Constitución de 1920 donde por primera vez se reivindicó el derecho de los indígenas, al establecerse la protección a la propiedad de las comunidades indígenas y la protección estatal a la raza indígena a través de leyes especiales para su desarrollo y proceso cultural, comprendiéndose que la unidad del Perú estaba en la aceptación de su diversidad.


