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Así fueron los inicios de la Fundición de Ilo

Feliz 66 aniversario, emblemática Fundición de Ilo.

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POR NICOLÁS VALDEZ CASO

Cómo ha pasado el tiempo. Ya son sesenta y seis (66) años de vida de la emblemática Fundición, y eso significa mucho para la ciudad. Es un nuevo aniversario de este gran titán que transformó la historia de este puerto del sur del Perú, nuestro querido Ilo.

Esta gran historia empezó como un verdadero shock de inversiones, ocurrido aquel 11 de noviembre de 1955, cuando se firmó el proyecto Toquepala entre el Gobierno peruano y la Southern Perú Copper Corporation. El objetivo era explotar la mina de Toquepala, construir una planta concentradora, un ferrocarril para el transporte del mineral, un patio puerto, una fundición y un moderno muelle de embarque del mineral procesado. Así se cerraba el circuito de producción del cobre y se lograba finalmente exportarlo como barras blíster de noventa y seis (96 %) a noventa y ocho por ciento (98 %) de pureza. Era un proyecto de gran magnitud que un pueblo tan pequeño jamás había soñado.

El contexto de aquellos tiempos fue muy especial. Ilo era un distrito que no superaba los cinco mil habitantes. Algunos años antes se había instalado la fábrica pesquera EPISA, dedicada a la producción de aceite y harina de pescado, que en ese momento era su principal motor económico. Pero la Fundición y el proyecto Toquepala eran algo completamente distinto y vinieron a cambiarlo todo.

Cómo no recordar aquellas primeras etapas, cuando apareció en escena un hombre prolijo, un mexicano de Guanajuato de treinta y siete (37) años, muy sabio e impetuoso: el ingeniero de minas don Frank Archibald. Había estudiado en la Universidad de Montana, en los Estados Unidos, y al graduarse adquirió experiencia en diversas empresas vinculadas a la metalurgia y la minería, hasta que, antes de venir al Perú, fue nombrado subgerente de la fundición de Tacoma, en Washington.

Toda esta experiencia le valió a don Frank Archibald para que la recién instalada Southern Perú Copper Corporation lo contratara en 1957 con el encargo de diseñar la Fundición de Ilo. En ese entonces, el presidente de Southern Perú era el ingeniero Kuno Doerr. Frank Archibald asumió grandes retos y, en 1963, llegó a ser presidente del directorio de la empresa minera, cargo que ocupó hasta 1985, cuando fue reemplazado por otro visionario, un ingeniero de minas que había empezado como capataz en Toquepala en los años sesenta y que, por su talento y profesionalismo, llegó a lo más alto: don Richard Preble. Qué tiempos aquellos.

Se instaló otro “donkey” en el extremo del muelle fiscal para bajar máquinas pesadas. Mientras se establecían los primeros trabajos en la mina, se empezaban a acondicionar los procesos de la concentradora, el ferrocarril y la fundición en la zona de Punta Tablón. Era fundamental terminar el espigón, pues allí se desembarcarían los materiales de mayor peso. La obra estuvo a cargo de la constructora Folley Brothers y fue concluida el 12 de octubre de 1957. Este elemento resultó clave para culminar todo el complejo minero desde Toquepala hasta Ilo.

Cómo no recordar el primer convoy de mineral que llegó a Ilo desde Toquepala en noviembre de 1959. Aún faltaban cincuenta (50) días para la inauguración oficial de la Fundición, pero la compañía ya había iniciado su primer embarque histórico: setecientas veintiuna (721) toneladas de cobre blíster partieron rumbo a Inglaterra en la nave “Ciudad de Guayaquil”, de una empresa colombiana. El sur del Perú empezaba a exportar cobre por primera vez, generando una sensación especial de alivio y satisfacción entre los mentores del proyecto.

Cómo no recordar aquel caluroso día, a las doce y cuarenta del mediodía (12:40 p. m.) del 9 de febrero de 1960, cuando se rompió finalmente la champaña de inauguración. Llegó a Ilo el ministro de Hacienda, don Pedro Beltrán, en representación del presidente de la República, Manuel Prado Ugarteche. El ministro accionó una palanca para verter y mostrar un chorro de “cobre líquido”. Había nacido la Fundición de Ilo. Recibió la bendición del padre Alfonso Zaplana y la música protocolar estuvo a cargo del batallón San Pablo N.º 41 de Moquegua. La alegría desbordó aquel sensible momento de 1960.

Cómo no recordar aquellos primeros años, cuando la fundición tuvo que lidiar duramente con el boom pesquero. Ilo se llenó de fábricas y faltaba mano de obra, pues muchos preferían la pesca, un trabajo bien remunerado, más relajado y con celebraciones después de cada faena. Sin embargo, quienes optaron por la fundición fueron los más valientes y disciplinados, aquellos que avizoraron un proyecto de vida estable. No se equivocaron. La pesca colapsó y su bonanza se perdió, pero la Fundición de Southern Perú siguió adelante, incólume en el tiempo.

Han pasado sesenta y seis años y mil anécdotas por contar. No quiero cerrar esta remembranza sin antes saludar a todos los trabajadores mineros y funcionarios de la emblemática Fundición de Ilo, muchos de ellos mis amigos, a quienes siempre recuerdo con aprecio y gratitud: al ingeniero Enrique Herrera Alarcón; al ingeniero José Paredes; al ingeniero Manuel Munguía Aguirre, director de Operaciones, siempre atento cuando me invitaba a las instalaciones de la fundición; al ingeniero Jorge Meza Viveros, director general de Operaciones, apasionado por los temas mineros y lector constante de mis remembranzas históricas; y, finalmente, a don Óscar González Rocha, un hombre prolijo que encarna el espíritu y la fuerza de la fundición y de esta valiosa empresa Southern Perú del Grupo México.

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