Por: Uriel Andrée Quispe Díaz (Grupo Cultural Ta’Kumba – Escuela de Formación Artística -Takiri Studio)
Cuando uno intenta responder la pregunta “¿a qué suena Mollendo?”, lo primero que suele aparecer es la imagen clásica del vals y la polca sonando en casas, bares y verbenas de la ciudad. Sin embargo, la historia musical de Mollendo revela una realidad mucho más compleja, diversa y sorprendente: un puerto que escuchó, adoptó y reinterpretó ritmos cosmopolitas, desde la música criolla hasta los one-steps, foxtrots y danzones que arribaban en barcos y trenes.
Por más de un siglo, el sur peruano fue un territorio musical variado; pero Mollendo, por su condición de puerto y ciudad ferroviaria, desarrolló una identidad sonora distinta, abierta, moderna y viajera. Mollendo sumaba además temas musicales recién llegados del mundo, tocados por orquestas extranjeras, reproducidos en fonógrafos y bailados en los veranos interminables de nuestra ciudad, con esto quiero decir que Mollendo no solo suena a tradición, suena también a viaje.
La historia inicia en 1871, y desde ese momento tuvo contacto directo con el mundo. Los vapores (trenes y barcos) que conectaban Chile, Panamá, Estados Unidos y Europa no solo transportaban mercancías, sino también discos, partituras, instrumentos y modas musicales.
Nuestro historiador Enrique Chávez Jara, afirma que los puertos del sur como Mollendo funcionaron como espacios donde la novedad cultural entraba temprano. Marineros con fonógrafos, turistas trayendo discos, orquestas extranjeras contratadas para la temporada de verano y ferroviarios trasladando repertorios entre Mollendo, Matarani, Mejía y Arequipa.
Ese flujo humano, comercial y estético convirtió a Mollendo en un punto de encuentro donde convivían varias formas de escuchar el mundo.
¿Y QUÉ SE ESCUCHABA REALMENTE?
Entre 1871 y 1950, el paisaje sonoro del sur peruano fue más amplio de lo que habitualmente se imagina y aunque las fuentes conservadas no son numerosas, permiten reconstruir un mapa musical diverso y sorprendente. En Mollendo, la música criolla constituía uno de los pilares de la vida cotidiana: valses, polcas, marineras y tonderos sonaban en guitarras, cajones y dúos familiares que amenizaban reuniones, verbenas y celebraciones barriales. A este repertorio se sumaba la presencia de música europea de salón; mazurkas, rigodones, pasodobles, habaneras y piezas para piano que, muy difundidas en Arequipa, llegaban también al puerto a través de salones sociales, sociedades civiles y visitantes que arribaban en temporadas de verano.
Los ritmos latinoamericanos también encontraron un espacio destacado en Mollendo. Los danzones cubanos, los tangos, así como las rumbas y guarachas, fueron especialmente populares en los hoteles y veladas de la época. Paralelamente, el puerto recibió con mayor rapidez que otras ciudades del país las influencias musicales provenientes de Norteamérica, gracias al flujo constante de barcos y trenes, llegaron grabaciones y partituras de one-step, foxtrot, etc. Asimismo, comenzaron a escucharse las sonoridades de las grandes orquestas de big band, como las del reconocido Glenn Miller, cuya música aportó elegancia y sofisticación a los espacios sociales. Mientras en otros lugares del Perú estos ritmos eran todavía una curiosidad, en Mollendo se adoptaron con naturalidad, integrándose a los bailes sociales y a la modernidad cultural que caracterizaba al puerto.
La vida diaria ofrecía, así, una mezcla sonora en permanente diálogo, las retretas en la plaza, fonógrafos que animaban las tardes, serenatas improvisadas en las calles y bailes donde un vals tradicional podía convivir sin conflicto con un moderno foxtrot. Esta diversidad definía la experiencia auditiva de la ciudad y moldeaba su identidad.
Dentro de este escenario musical se distinguieron varios intérpretes y agrupaciones que dieron forma al Mollendo del siglo XX. Entre ellos, a Jorge Stambury Escudero que triunfó tanto en América como Europa; a Julio Mori que fue una figura esencial en el ambiente criollo; Salvador Quintana, quien nos regaló nuestro “segundo himno” el vals Puerto Bravo, equilibrando la herencia costeña con la apertura hacia influencias cosmopolitas. A su lado, una variedad de conjuntos y músicos animaron décadas de vida cultural. Muchos de estos nombres no quedaron registrados de manera formal, pero su música dejó una huella profunda en la memoria colectiva del puerto y en lo que hoy entendemos como la sonoridad propia de Mollendo.
¿MOLLENDO TAMBIÉN BAILÓ ONE-STEP?
Aunque sorprenda a muchos, la modernidad musical había llegado a nuestro puerto sin pedir permiso. Los fonógrafos reproducían grabaciones estadounidenses y europeas, y los jóvenes mollendinos aprendieron esos pasos con naturalidad. Por eso, afirmar que Mollendo también suena a one-step es históricamente coherente. Nuestro puerto siempre ha sido más amplio que una sola tradición.
NUESTRA IDENTIDAD SONORA
Cuando escuchamos la historia completa, la pregunta inicial se vuelve más rica y responder la pregunta ¿a qué suena Mollendo? es aceptar que su identidad musical proviene de dos fuerzas simultáneas, la raíz y el viaje.
¿A QUÉ SUENA MOLLENDO?
Suena a guitarras criollas y a foxtrots llegados por mar.
Suena a valses mezclados con danzones de barco.
Suena a retretas en noches de verano, a la alegría de puerto.
A la interculturalidad sin miedo.
Suena a Julio Mori, a Salvador Quintana, a Jorge Escudero.
A todos los músicos que animaron las tardes en el malecón.
Y a todos los ritmos que pasaron por este puerto camino al Perú profundo.
Mollendo suena a mezcla, a cruce, a viaje. Ha sido un puerto que no solo recibió productos, sino también sonidos, y ese es, quizá, el sello musical más auténtico.
Y así, después de recorrer la memoria musical de este Mollendo que siempre escuchó más de lo que dijo, cierro estas líneas recordando una idea que me acompaña desde que empecé a enamorarme de esta tierra.
“Quien tiene la capacidad de hacer algo, tiene la responsabilidad de hacerlo”.
Si estas palabras han despertado la curiosidad en el lector, entonces la responsabilidad ha valido la pena.



