La violencia sexual entre menores: el punto ciego de la prevención

La violencia sexual entre menores es una realidad incómoda que la prevención no puede seguir dejando fuera.

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POR: CINTHIA APAZA QUISPE

Una pregunta que incomoda: ¿Y si quien agrede a un niño no es un desconocido en la calle, sino otro niño al que la familia conoce y en quien confía?

La pregunta incomoda porque contradice una idea muy extendida: que los menores solo necesitan aprender a cuidarse de los adultos. Sin embargo, la violencia sexual también puede ocurrir entre niños y adolescentes, y callar esa posibilidad deja incompleta la prevención.

No se trata de enseñar a desconfiar de todos ni de convertir cada juego en una sospecha. Se trata de reconocer que la edad, el parentesco o la amistad no garantizan por sí solos que una situación sea segura. Cuando hay presión, amenazas, manipulación, una diferencia importante de edad o desarrollo, o una persona no puede comprender ni consentir lo que ocurre, los adultos deben intervenir y proteger.

LAS CIFRAS Y LOS CASOS

El Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público informa que, entre enero y agosto de 2026, se registraron 4394 infracciones relacionadas con delitos contra la libertad sexual en agravio de menores, en casos en los que tanto las víctimas como los presuntos agresores eran menores de 18 años.

El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), en un análisis difundido en 2019 sobre 9815 casos atendidos por los Centros Emergencia Mujer (CEM), informó que el 6 % de los presuntos agresores sexuales tenía menos de 14 años.

Los casos comunicados por la Fiscalía de Familia de Huanta, en Ayacucho, muestran el daño detrás de las cifras. En junio de 2026, el Ministerio Público informó que un adolescente de 17 años fue declarado responsable de una infracción sexual contra una menor de 13 años y recibió una medida socioeducativa de internamiento de cuatro años. En otro caso, de enero de 2026, un adolescente de 17 años fue declarado responsable de una infracción sexual contra una niña de 11 años, con internamiento por seis años. Son casos concretos y no permiten calcular la frecuencia nacional, pero evidencian que la violencia entre menores no es una hipótesis.

El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), por su parte, registró 6495 denuncias por violencia sexual contra personas menores de 18 años en dependencias policiales durante 2024.

EL PUNTO CIEGO DE LA PREVENCIÓN

En reuniones familiares o en la escuela, un niño mayor puede quedarse a solas con otro mucho más pequeño bajo la idea de que “solo están jugando”. No toda exploración entre menores constituye abuso; pero las conductas coercitivas, los secretos impuestos, las amenazas o el contacto sexual que el niño no comprende o no desea deben tomarse en serio. En ocasiones, un menor que agrede puede estar reproduciendo algo que vivió o imitando contenido al que estuvo expuesto; ninguna de esas posibilidades justifica el daño, pero sí muestra la necesidad de evaluar e intervenir de manera especializada.

La prevención empieza con conversaciones sencillas y constantes: enseñar a nombrar correctamente las partes del cuerpo, explicar que pueden decir “no” y pedir ayuda, aclarar que nadie debe exigirles guardar secretos sobre tocamientos y recordarles que serán escuchados sin ser culpados. También implica supervisión adulta razonable, espacios donde los niños puedan pedir ayuda con confianza y una respuesta seria ante cualquier señal de alarma, sin sacar conclusiones apresuradas.

CÓMO ENFRENTAR

Enseñar a cuidarse de desconocidos es necesario, pero no suficiente. La protección de la niñez también exige hablar de los límites y del respeto dentro de los entornos cotidianos: la familia, la escuela y los grupos de amigos. No se trata de criar desde el miedo, sino de acompañar, escuchar y actuar cuando algo no está bien. Ningún niño debería cargar en silencio con una agresión; tampoco debemos descartar una señal de alarma solo porque quien pudo causarla sea otro menor.

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