Hace apenas unos años, pagar la luz significaba hacer cola en una agencia y ver una película implicaba esperar la función en la televisión abierta. Hoy buena parte de esa rutina cabe en la pantalla de un celular. El Perú vive un traslado silencioso del efectivo hacia lo digital, y ese cambio ya se nota tanto en Lima como en las ciudades del sur.
Un giro que empezó en la billetera
La transformación arrancó por donde menos se nota: la manera de pagar. Las billeteras digitales como Yape y Plin convirtieron el número de celular en una cuenta y volvieron cotidiano lo que antes parecía trámite bancario. Yape cerró el 2025 con 19,1 millones de usuarios, según cifras de Credicorp difundidas por el portal Iupana, una base que explica por qué cada vez menos peruanos cargan efectivo. Cuando pagar se vuelve así de simple, consumir contenido y servicios en línea deja de ser un obstáculo.
Reglas nuevas para el juego en línea
Ese mismo impulso alcanzó a una actividad que durante años se movió sin control claro: los juegos y apuestas por internet. Desde el 2024, la Ley 31557 obliga a las plataformas de juegos a distancia a contar con una autorización del MINCETUR para operar en el país, y solo las empresas licenciadas pueden ofrecer sus servicios de manera legal. Según el MINCETUR, hasta octubre del 2024 se habían autorizado 67 marcas, correspondientes a 64 empresas. En ese ordenamiento también aparecieron portales que comparan la oferta permitida, desde las apuestas deportivas hasta los casinos con bono sin depósito, y que ayudan al usuario a distinguir qué operadores tienen permiso vigente. Antes de la ley, esa distinción no existía en la práctica.
El sur compra y paga distinto
El comercio en línea es quizá la cara más visible de esta transición. Según la Cámara Peruana de Comercio Electrónico, el sector creció 21,2 % en el 2024 y movió US$ 15 600 millones, equivalente al 5,5 % del PBI. Buena parte de ese avance ya no ocurre en la capital: el 30 % de los compradores vive en provincias. En Arequipa, las operaciones digitales sumaron más de S/ 898 millones entre enero y junio del 2025, según Niubiz, mientras que en Moquegua rondaron los S/ 43 millones en el mismo periodo.
Ese dinamismo también empuja a los emprendedores locales, que hoy cobran con billetera y venden por redes sociales. Un programa municipal en Mariscal Nieto entregó capital semilla a doce iniciativas juveniles de negocio, una muestra de cómo la economía regional se acomoda a las reglas del comercio en línea.
La televisión dejó de mandar en la sala
El ocio audiovisual siguió el mismo camino. El consumo por suscripción reemplazó poco a poco a la señal abierta, y con él llegó una tensión nueva: el bolsillo. El estudio Consumo de Streaming en América Latina 2024, de Sherlock Communications, halló que el 52 % de los peruanos comparte una cuenta para reducir gastos, y que al 56 % le parece demasiado caro sostener más de una suscripción. El entretenimiento se volvió abundante, y por eso mismo obligó a escoger.
Los videojuegos que facturan en serio
Algo parecido pasó con los videojuegos, un rubro que en el país mueve cada vez más dinero. PROMPERÚ, con datos de Statista, estimó que el mercado peruano de videojuegos alcanzaría los US$ 290 millones en el 2024, con una tasa de crecimiento anual de 7,95 % que lo llevaría a US$ 364,8 millones y a 9,5 millones de usuarios hacia el 2027. Detrás de esas cifras hay millones de jugadores que descargan y compiten desde el celular, muchas veces sin adquirir una sola consola.
Todo empieza en el celular
Nada de esto sería posible sin conexión, y ahí el teléfono manda. El OSIPTEL informó que el tráfico promedio mensual de datos móviles por línea llegó a 17,94 gigabytes en el primer trimestre del 2024, un incremento de 18,82 % frente al mismo periodo del año anterior. En el sur, sin embargo, la brecha todavía pesa, porque el acceso urbano convive con distritos rurales donde la señal escasea.
¿Qué viene después?
El efectivo no desaparecerá mañana, y en varios pueblos del sur seguirá siendo el rey por un buen tiempo. Aun así, la dirección es clara: pagar, mirar, jugar y comprar se concentran cada vez más en un mismo aparato. Queda pendiente la tarea más difícil, llevar buena conectividad a los distritos donde la señal todavía falla, para que ese clic llegue también a quien hoy depende del billete.

