Maestro antiguo y moderno

El maestro de hoy es un puente entre el rigor del pasado y las infinitas posibilidades del futuro.

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POR: ABOG. JESÚS MACEDO GONZALES

El 6 de julio se celebra en nuestro calendario cívico el Día del Maestro. Hoy quiero dedicar unas palabras para rendir un homenaje a esos hombres y mujeres que antes gastaban la tiza y hoy el marcador digital para iluminar el futuro de nuestro país, comparando los estilos antiguos y modernos de ser docentes, en un mundo en el cual la tecnología ya no es ajena.

En ese sentido, es bueno detenernos a pensar cómo la educación ha dado un vuelco tremendo en las últimas décadas, ya que hemos ido del “silencio en clase” al “enciendan sus pantallas”, o tal vez “apaguen el celular” para que no se desconcentren tanto.

Muchos de nosotros recordamos al docente de antaño. Ese maestro que era la fuente única e incuestionable del saber. Entraba al aula, se paraba frente a la pizarra y los alumnos escuchábamos en un silencio casi sagrado. Su estilo era magistral, basado en la memoria, el dictado y la repetición. Si querías saber algo, tenías que esperar a que el profesor lo explicara o buscarlo en una enciclopedia pesadísima. Era una educación vertical, pero con una mística de respeto inquebrantable.

EL MAESTRO ANTE LA TECNOLOGÍA

Hoy, las cosas son muy distintas. El nuevo docente ya no compite con la memoria; compite con el celular que el alumno tiene en el bolsillo. Los chicos de hoy, nativos digitales, tienen acceso a toda la información del mundo en un segundo. Por eso, el estilo del maestro actual ha tenido que migrar de la exposición a la facilitación. Ya no es el que lo sabe todo, sino el que enseña a discernir qué información es útil y cuál es falsa. El aula silenciosa ha dado paso al debate, al trabajo en equipo y a la resolución de problemas reales.

Sin embargo, el verdadero rol del maestro cambia porque tiene que saber enseñar a los estudiantes la inteligencia artificial. Aquí viene el verdadero desafío. Con la llegada de las nuevas tecnologías, las pizarras inteligentes y la inteligencia artificial, muchos se preguntaron: “¿Será que los profesores van a desaparecer?”. La respuesta es un rotundo no. Las máquinas pueden dar datos, pero no pueden dar propósito.

El rol del maestro moderno al incorporar estas tecnologías no es competir con ellas, sino adoptarlas como aliadas estratégicas para tres cosas fundamentales. Primero, como curador de contenido, el maestro ayuda al estudiante a navegar en un mar de información, enseñándole a pensar críticamente frente a una pantalla. En segundo lugar, como diseñador de experiencias, usa la tecnología, videos, simuladores, plataformas interactivas, para que la clase sea un laboratorio vivo, no un somnífero, y debe enseñar a los chicos y chicas a analizar la realidad con lo que están aprendiendo.

EL MAESTRO COMO GUÍA HUMANO

Y, finalmente, un tercer rol, que tal vez es más complicado: ser guía socioemocional. Y esto es lo más importante. Una computadora jamás podrá dar un abrazo de aliento, notar cuando un alumno está triste o inspirar pasión por una carrera. La tecnología automatiza el proceso, pero el maestro humaniza el aprendizaje.

La tecnología cambia, las herramientas evolucionan, pero el corazón de la docencia sigue siendo el mismo: transformar vidas. El maestro de hoy es un puente entre el rigor del pasado y las infinitas posibilidades del futuro. El docente, con o sin tecnología, sigue siendo referente moral para los estudiantes. Los estudiantes, cuando pasan los años, recordamos al profesor que enseñaba no solo con la palabra, sino también con el ejemplo. El ejemplo no puede desaparecer.

Por eso, a ti, maestro o maestra que te desvelas aprendiendo a usar una nueva aplicación para sorprender a tus alumnos; a ti, maestro o maestra rural que caminas horas y te las ingenias sin internet; a ti, maestro jubilado que dejaste huella en generaciones; y a ti que has visto distintas caritas pasar y ahora esas caritas son hombres de bien con el ejemplo que les diste: ¡feliz Día del Maestro y Maestra!

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