La identidad dinámica y estática

La identidad dinámica es la que nos permite decidir cómo queremos vivir, cómo queremos vestirnos, a quién queremos amar y qué proyecto de vida queremos tener.

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POR: DR. JESÚS MACEDO GONZALES

El pasado 28 de junio se celebró el Día Internacional del Orgullo LGBT+, fecha creada con el objetivo de instar a la tolerancia, la igualdad y la dignidad de las personas que tienen una orientación sexual distinta. Los invito a reflexionar este día desde el concepto de identidad, como parte del derecho que tiene toda persona, independientemente de cómo ejerce su sexualidad.

La identidad tiene que ver con: ¿quién soy yo? ¿Ustedes se han preguntado alguna vez quiénes son realmente? El derecho a la identidad ha cambiado. Antes era como una foto de carnet: fija, inmutable, solo datos. Pero hoy la jurisprudencia del Tribunal Constitucional nos dice que la identidad es mucho más que eso, ya que existe la identidad estática y la identidad dinámica.

La identidad estática viene con nosotros desde que nacemos: nuestros papás, el sexo biológico, la fecha de nacimiento, el nombre que nos pusieron o el DNI. O sea, lo que está escrito en el papel, lo que no podemos cambiar así nomás. Por ejemplo, si alguien discute quién es el papá de un niño, ahí importa mucho la identidad estática, porque hay que saber la verdad biológica.

El otro elemento es la identidad dinámica. Esto es lo que vamos construyendo día a día., porque hay que saber la verdad biológica.

El otro elemento es la identidad dinámica. Esto es lo que vamos construyendo día a día. Es nuestra historia, nuestras experiencias, nuestros sueños. Cuando me preguntan de dónde soy digo: 23 años arequipeño, 7 años limeño, 1 año ileño, 3 años estadounidense y 14 años moqueguano. ¿Saben por qué? Porque he asimilado con mucho orgullo las culturas de todos los lugares donde he vivido. Cada ciudad me ha dado algo, y yo soy todo eso junto. Eso, amigos, es identidad dinámica. No soy el mismo que nació, soy el que la vida ha ido formando. ¿Y qué tiene que ver con el orgullo LGBT+? Mucho, porque si yo puedo decir “soy de varios lugares y eso está bien”, ¿por qué una persona no puede decir “soy gay”, “soy lesbiana”, “soy trans” y que eso también esté bien?

La identidad dinámica es la que nos permite decidir cómo queremos vivir, cómo queremos vestirnos, a quién queremos amar y qué proyecto de vida queremos tener. El problema es que todavía hay mucha gente que, por motivos religiosos y conservadores, cree que la identidad es solo estática: “naces hombre y te mueres hombre”, “naces mujer y te mueres mujer”. Nuestro Tribunal Constitucional ha dicho algo muy importante: la persona no es un ser acabado al nacer, sino que se construye permanentemente. O sea, tú puedes decidir sobre tu vida, y todo eso está protegido por la Constitución, en el artículo 2, que habla del libre desarrollo de la personalidad.

Pero seamos sinceros: tener un Día del Orgullo Gay no es suficiente si en la calle, en el trabajo, en la familia, todavía hay personas que discriminan, que miran feo, que rechazan. La identidad dinámica nos enseña que todos estamos en constante cambio. Que nadie es igual hoy que hace 10 años. Entonces, ¿por qué no respetar que otros vivan su identidad como ellos quieren?

Así que los invito a reflexionar: cada quien tiene derecho a su propia historia, a su propio camino, a su propia felicidad. Y si alguien elige un camino distinto al tuyo, no significa que esté mal. Significa que la vida es diversa, que el mundo es colorido. Tenemos que aprender a tolerar, a respetar, a convivir. Eso es lo que nos hace realmente humanos y ojalá podamos aceptar y ser respetuosos del derecho a la identidad dinámica y las diversas formas de vivir de homosexuales, transgénero y bisexuales.

La justicia ya está cambiando. Poco a poco se avanza en respetar los cambios de nombre y sexo en el DNI, y en reconocer que existen nuevas formas de familia. Por eso, de nada sirve tener un “Día del Orgullo Gay” si como sociedad todavía no aprendemos a tolerar al que es diferente. Nadie debería ser marginado ni discriminado por su identidad de género. Nos queda un camino largo por recorrer para ser una sociedad más justa, tolerante y no discriminadora.

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