La Guerra del Pacífico

ARCHIVO

Por: Arnulfo Benavente Díaz

Manuel González Prada describió a los chilenos tras la Guerra del Pacífico (1879-1883) como vencedores que cometieron saqueos, rapiñas y destrucciones, pero señaló que el mayor daño no fue físico, sino la “infección” de apatía y la “pequeñez de espíritu” que dejaron en el Perú. Su postura fue de fuerte crítica nacionalista, denunciando el despojo territorial y el oprobio de la derrota.

En su ensayo “Perú y Chile” (publicado en Páginas Libres), González Prada afirmó que Chile se llevó guano, salitre y territorio, pero dejó al Perú en un estado de “amilanamiento” y conformidad con la derrota.

Mencionó la desmoralización de la sociedad peruana tras la ocupación, reflejando su amargura por la forma en que se consolidó el poder chileno en Lima ante la inacción de la clase política peruana.

Para Manuel González Prada, la derrota en la Guerra del Pacífico no fue un accidente militar, sino el resultado inevitable de la descomposición moral y política de la sociedad peruana.

Criticó que el Perú fuera una nación de “amos y siervos”, donde la gran masa indígena no se sentía parte del país. Para él, un pueblo sin educación ni libertad no podía defender una patria que no sentía suya.

Afirmó que, mientras Chile se preparaba, la élite peruana se dedicaba a las intrigas políticas y al enriquecimiento personal.

Atribuyó la victoria chilena a que utilizaron la ciencia y la organización moderna, mientras que el Perú seguía anclado en un pasado colonial y retórico.

Advirtió que Chile, al vencer por la fuerza y entregarse al saqueo, también inició su propia decadencia moral, contagiándose de los vicios que antes criticaba en el Perú.

En su famoso Discurso en el Politeama (1888), pronunciado precisamente en un evento para recaudar fondos para el rescate de estas “provincias cautivas”, planteó lo siguiente:

La unión a través del odio: Prada sostenía que el Perú necesitaba cultivar el “odio a Chile” como una fuerza regeneradora. Tomaba como ejemplo a Francia, que, tras perder Alsacia y Lorena ante Prusia, utilizó ese resentimiento para fortalecerse y buscar la revancha.

No tuvo reparos en criticar a las figuras más poderosas de la Reconstrucción Nacional. Reprobó a Andrés Avelino Cáceres por firmar el Contrato Grace (que entregaba ferrocarriles a capitales británicos) y fue implacable con Nicolás de Piérola, a quien acusó de abandonar Lima durante la ocupación chilena.

LO ÚLTIMO