POR MIGUEL ARTURO SEMINARIO OJEDA (RESPONSABLE DEL MUSEO ELECTORAL Y DE LA DEMOCRACIA DE LA DNE DEL JURADO NACIONAL DE ELECCIONES)
Hace 250 años vino al mundo quien sería después el general José Domingo de La Mar y Cortázar, militar y político con lealtad al Perú republicano, Estado del que llegó a ser presidente en dos ocasiones: como jefe de una Junta Gubernativa y como presidente constitucional elegido por el Congreso de la República. José de La Mar, el realista que pasó a filas patriotas tras un trabajo persuasivo del general San Martín, nació en Cuenca, Ecuador, el 12 de mayo de 1776.
Fue hijo de Marcos de La Mar Migura, administrador de las Cajas Reales de Guayaquil y Cuenca, y de la guayaquileña Josefa Paula Cortázar y Lavayen. Pasó sus primeros años en Guayaquil, espacio que desde 1803 había vuelto al Virreinato del Perú, manteniéndose en él una filiación siempre peruana y no grancolombiana.
Estudió en el Colegio de Nobles de Madrid. En España transcurrió parte de su infancia y juventud, e hizo su carrera militar, peleando en campañas contra la Francia revolucionaria y durante la invasión napoleónica a la península ibérica. Tras retomar el poder Fernando VII, en 1816 fue enviado a Lima como subinspector general del Virreinato del Perú, incluyendo la fortaleza del Real Felipe.
Antes de regresar a América, participó en la Guerra de la Independencia española, donde conoció al general San Martín, experiencia decisiva para su paso a filas patriotas cuando el Protector ocupó Lima. Ya en la etapa bolivariana destacaría en la batalla de Ayacucho.
Al llegar al Perú, las guerras por la independencia eran intensas en las colonias españolas. Algunas ya habían proclamado su independencia pese a la resistencia del virrey Abascal, luego reemplazado por Joaquín de la Pezuela, quien vio con buenos ojos a La Mar. Tras el derrocamiento de Pezuela, aunque por rango le correspondía reemplazarlo, se designó a José de la Serna. Cuando este dejó Lima, San Martín logró persuadir a La Mar para incorporarse al ejército patriota como general de división el 26 de octubre de 1821.
Fue elegido diputado por la provincia de Huaylas al Congreso Constituyente de 1822 y, el 21 de septiembre de ese año, asumió la presidencia de la Suprema Junta Gubernativa del Perú, sucesora del gobierno de San Martín. Organizó la Primera Expedición a Puertos Intermedios contra los realistas, pero el fracaso de esta acción provocó que fuera reemplazado por José de la Riva Agüero. Poco después viajó a Guayaquil, donde contrajo matrimonio con Josefa Rocafuerte, fallecida en 1826.
Cuando Simón Bolívar llegó al Perú, lo convocó nuevamente y en 1824 lo nombró general en jefe de la División Peruana del Ejército Unido Libertador del Perú. No participó en la batalla de Junín, pero sí en Ayacucho, donde tuvo destacada actuación.
Terminado el gobierno de Bolívar, el Congreso lo nombró presidente constitucional en junio de 1827, a propuesta de Francisco Javier de Luna Pizarro, decisión que generó descontento en Andrés de Santa Cruz, apoyado por Agustín Gamarra y Antonio Gutiérrez de la Fuente. Durante su gobierno se promulgó la Constitución liberal de 1828 y enfrentó la guerra contra la Gran Colombia presidida por Simón Bolívar.
Los acontecimientos bélicos lo llevaron a Piura, trasladándose incluso la imprenta del ejército a Tambogrande, donde se editó el periódico “El Botafuego”. Aunque el ejército peruano sufrió un revés en la batalla de Portete de Tarqui, no fue una derrota total. La Mar firmó el Convenio de Girón, mediante el cual las tropas peruanas se retiraban de los territorios ocupados mientras la Gran Colombia reconocía la peruanidad de Tumbes, Jaén y Maynas.
Posteriormente, un grupo de oficiales peruanos lo apresó en Piura el 7 de junio de 1829 por negarse a renunciar al cargo presidencial. Desde Paita fue embarcado hacia Costa Rica, donde murió el 11 de octubre de 1830 en la ciudad de Cartago, a los 54 años de edad.
En 1834, el presidente Luis de Orbegoso inició los trámites para la repatriación de sus restos, los cuales finalmente llegaron al Perú en 1843. Hoy descansan en un mausoleo del cementerio Presbítero Maestro.
El nombre de José de La Mar permanece en la memoria colectiva peruana. Existen calles, avenidas e instituciones educativas que llevan su nombre, además de una provincia ayacuchana. En el cementerio Presbítero Maestro se conserva la estatua del personaje sobre su sepultura. Asimismo, apareció en estampillas de los siglos XIX y XX.

