Música, corvinas y políticos

“Las frases absurdas en política son una constante en la historia”. – Antonio Machado

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POR: CÉSAR CARO JIMÉNEZ

Sin lugar a dudas, el intercambio de ideas es fundamental en todo proceso democrático, para fortalecer la legitimidad de los gobiernos y garantizar que la ciudadanía tenga acceso a información clara y diversa sobre sus futuros líderes. Sin embargo, en Perú, la reciente realización del debate presidencial dejó mucho que desear en cuanto a su alcance, profundidad y calidad, evidenciando una serie de falencias que merecen ser analizadas y corregidas en futuras ocasiones.

Uno de los problemas más evidentes fue la restricción en el tiempo destinado a cada candidato. La falta de un espacio adecuado para que expresen sus propuestas, expliquen sus ideas o respondan a las preguntas de manera completa impidió que los ciudadanos tengan una visión clara y detallada de sus propuestas. La brevedad de las intervenciones favoreció respuestas superficiales y, en muchos casos, discursos prefabricados, en lugar de un diálogo profundo y enriquecedor que permita entender las posturas de cada aspirante.

Este tipo de limitaciones no solo reduce la calidad del debate, sino que también limita la posibilidad de que los votantes puedan comparar de manera efectiva las propuestas, fomentando una percepción de superficialidad y falta de sustancia en la discusión pública.

Otro aspecto criticable fue la selección de los temas abordados durante el debate. La agenda se centró en cuestiones de coyuntura, dejando de lado temas estructurales cruciales para el desarrollo del país, como la educación, la salud, la desigualdad, el medio ambiente, la corrupción o la economía a largo plazo. Esta visión parcial limita la discusión a temas inmediatos y de menor profundidad, dejando en la sombra los desafíos fundamentales que enfrenta Perú.

Además, la falta de una discusión abierta sobre estos temas impide que los candidatos planteen propuestas innovadoras y que la ciudadanía pueda evaluar sus propuestas en un marco más amplio y estratégico. La agenda seleccionada, en muchos casos, refleja una visión limitada que no contribuye a un debate genuino sobre el rumbo del país.

La organización del debate también evidenció deficiencias en cuanto a la preparación y la transparencia del proceso. La poca anticipación en la definición de reglas, la poca diversidad en las plataformas y formatos utilizados, y la escasa mediación para garantizar igualdad de condiciones son aspectos que deben mejorarse para que el debate sea realmente un espacio democrático, inclusivo y constructivo.

El debate presidencial es una herramienta fundamental en toda democracia, pero su efectividad depende de cómo se organiza y realiza. En el caso de Perú, la restricción en el tiempo y la limitada selección de temas impiden que los ciudadanos tengan una visión plena y profunda de sus opciones electorales. Para fortalecer la democracia y promover una ciudadanía informada, es necesario que futuros debates sean más extensos, aborden temas relevantes y estructurales, y se realicen con mayor planificación y transparencia. Solo así se podrá aprovechar verdaderamente el potencial de estos espacios para construir una sociedad más democrática, participativa y consciente de sus desafíos y oportunidades.

Es así como observamos que se obvia cualquier tipo de debate que ponga en el escenario temas “peliagudos”, como por ejemplo la conveniencia o no de comprar 24 aviones de guerra, tanto porque la misma no garantiza ninguna defensa exitosa, como por observar en los últimos conflictos bélicos que más eficaces —y baratos— son los drones y misiles.

Asimismo, en lo relacionado a callar, oír y ver, nuestras autoridades pecan de autismo total en varios temas, como por ejemplo en el caso de las 200 millas de mar territorial, que solo es defendida en nuestros días por el Perú, porque ya nuestros compañeros de ruta, Ecuador y Chile, se plegaron a la Convención del Mar.

Y procedemos también a ser ciegos en muchos otros temas, en tanto condecoramos a distinguidos tecnócratas como el presidente del Banco Central de Reserva, cuyo desempeño es excelente en cuanto al manejo de las reservas nacionales, gracias en gran parte a las exportaciones mineras, sobre todo del cobre; pero cerramos los ojos ante el absurdo de que, no obstante figurar entre los principales productores de oro en el mundo, nuestras reservas están mayoritariamente en dólares estadounidenses, los cuales se han devaluado en grado sumo respecto al oro.

Y aquí cabe hacerse una pregunta: ¡¿cuánto ha perdido nuestro país al no haber comprado oro físico durante casi toda la gestión del señor Velarde?!

Y esto no es único despropósito que vivimos. Hay muchos más, a tal punto que hay que recalcar un hecho singular, que somos un país que viene creciendo, pero que no desarrolla.

Y es que en cada proceso electoral peruano —sea para elegir presidente de la República, senadores, diputados, alcaldes o gobernadores regionales— se me vienen nuevamente a la cabeza aquellos versos, con esa ironía tan propia del criollismo, que dejó como legado el recordado “Carreta” Jorge Pérez, del vals criollo “Parlamanías” de Serafina Quinteras, popularizado por Los Troveros Criollos:

…“las carreteras correrán solas, buques y aviones en pelotón y las corvinas, sobre las olas, nadarán fritas con su limón”…

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