POR: RODRIGO LLOSA
Mejía es una tía bipolar, a veces le da la nevada y no te saluda en la calle. Otras te pide, amorosa, que la visites. No retornan quienes no soportan esa constante tensión. Quienes captamos que es parte de la idiosincrasia, siempre terminamos recordando que su geografía es extraordinaria.
Temperamental como nuestro mar, me la encuentro en La María y le explico. Tía, esto dejará de ser un pueblo de pocas cuadras, no porque Rodrigo Llosa haga videos o artículos como críticas. En el verano que más publiqué, caperos fue uno de los más pequeños. Me replica que es porque las lluvias arrasaron Arequipa y que a la gente ya no le sobra la plata o el tiempo para «huevear» tres meses como antaño.
Tía, la llegada de gente nueva es un fenómeno nacional. El Perú tiene mayor poder adquisitivo y las familias emergentes (como fueron todas las de nosotros en alguna generación) buscan que los suyos tengan oportunidades. «¿Entonces por qué no se van a La Punta?», me fumiga.
Ya pues, tía, los veraneantes quieren guardar Mejía como el secreto de las tres tetas de la tía Pochita. Y en Arequipa todos saben de sus encantos.
Mi tía sonríe casi compungida. Sabe que se le fue la mano con su comentario y merecía respuesta similar. Me mira de nuevo y tuerce el tema: el pan mejiano ya no es el de antes, Mejía hace rato amerita un market, «un Wong pues, hijito, tiendas de ropa, de artículos de surf para mi nieto».
Yo, en simultáneo, imagino que nuestra tía quiere que nada cambie, que se mantenga en la descripción telefónica de sus primas, ya limeñas: «un hermoso pueblucho de mierda». Lugar que solo tiene gracia para quien desde niño veraneó allí entre palomilladas, amalgama universal de estima amical. «Pero con un Wong camino a Mollendo, pues hijito».
Mentalmente intento explicarle de la economía de escala, de masa crítica. Pero prefiero decirle que de todas formas vendrá una avalancha urbana. Lo interesante sería que lleguen con plata, conociendo nuestra historia, sumándose a las tradiciones y ajustándose a las normas y parámetros urbanos. Que otros construyan 10 casas como la hermosa que tiene ella, con jardines. Así será rentable tener tiendas boutique tipo Cartagena. A mí me entusiasma mayor porcentaje de gente participativa para palanquear políticamente una ciclovía interdistrital.
«¿Y cómo logras que la avalancha no nos destruya?», me pregunta. Mejía ya tiene algunas protecciones. Cobra más por barquillo, por estacionamiento, por paleta de helado. En un extremo, cuando se pone quisquillosa, pone la entrada de una fiesta a 500 soles para que el paparazzi del Rodrigo prefiera armar una reu en su casa. Estoy seguro de que en unos años agradecerán esas fotos caseras.
Toda sociedad tradicional, querida tía, es un poco lenta, por decirlo elegante. Le cuesta el cambio. Quizá, los videítos públicos de MeXia a la larga sean más relevantes de lo que parecen ahora. Pero date cuenta de algo: si yo empiezo a recibir artículos de Vichayito y no tengo interés en quedarme allí, no los voy a consumir. Los motores de búsqueda reiteran en recomendar mi material a personas que ya tienen vínculo con Mejía. Hay quienes piensan que haré fama con este balneario y por dentro me río porque soy bueno en números. Todos quienes estamos vinculados con Mejía somos el 0,02 % del país.
Para evitar que el huayco urbano destruya nuestra tranquilidad y nuestras callecitas con casas de madera, necesitamos, sobre todo, de un Municipio que esté a la altura. Cuyos alcaldes no tengan como gran modelo al destruido Camaná por esa avalancha que se nos viene a nosotros. Necesitamos autoridades con algo más de mundo, lo cual se remedia viajando, para que lugareños aprendan a apreciar la naturaleza que tienen, valoren estéticas con esencia e interioricen no cojear en resentimientos por culpa (hay que admitirlo) de veraneantes que no desarrollaron el tino y ventaja de saber ser amigo sensato de todas las sangres.
Cuando una sociedad se cierra, trae beneficios e inconvenientes. Te dejo una pregunta, tía, ¿qué va a pasar cuando en el otro club haya mejores fiestas, haya flacas más simpáticas y empresarios con más lana que hoy se podrían sentir ninguneados? Estadísticamente tus nietos se van a casar con sus hijos.
A mí me parece más inteligente abrir las puertas al futuro a tiempo, de manera optimista, organizada. Velo por otro lado, tía, tendrás más mesas de burako por ganar (obvio, se le abrieron los ojos).

