La izquierda y el desprecio por la democracia

Cambios en el gabinete, decisiones cuestionadas y vínculos políticos evidencian tensiones en el Ejecutivo y generan críticas sobre el respeto a la institucionalidad democrática.

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POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA

Al asumir la Presidencia de la República, José María Balcázar anunció que Hernando de Soto sería el premier, avocándose en adelante a escoger a los integrantes del gabinete. En aquel momento era voceada, o mejor dicho ratificada, Denisse Miralles al frente de Economía. Sin embargo, horas antes de la juramentación de los ministros, corrió el rumor de que el laureado economista no formaría parte del Ejecutivo, inclinándose Balcázar a último momento por Miralles en la PCM.

Casi de inmediato, Denisse comunicó que el 18 de los corrientes sería su presentación en el Parlamento para el tan ansiado voto de confianza; no obstante, a los días le tocó enfrentar la crisis del desabastecimiento de GNV producida por la rotura de una tubería en la planta de la empresa TGP en Megantoni, Cusco, ocasionando el incremento de precios de los combustibles en los grifos de Lima y Callao. En paralelo, entre gallos y medianoche del 8 de marzo, el gobierno decretó, a partir de la mañana siguiente (y hasta el 14), teletrabajo para servidores públicos y clases virtuales para estudiantes de colegios, institutos y universidades, tanto en la capital como en el primer puerto. Esta medida impopular generó el rechazo mayoritario de la población, anticipando varios grupos de legisladores que no darían el respaldo al sucesor de Pedro Castillo.

Pero, con el transcurrir de los días, tal disposición no se cumplió (por lo menos no del todo), y algunos congresistas iban manifestando su disposición a por lo menos escuchar al gabinete, haciendo presagiar que Miralles se presentaría en la fecha y hora indicada. Sin embargo, veinticuatro horas previas a la exposición, rumores acrecentados daban cuenta de su renuncia, los mismos que fueron desmentidos por el propio Balcázar, cuando de pronto llegó una misiva del secretario general del Despacho Presidencial agradeciéndole por “sus servicios prestados a la nación”; es decir, la renunciaron. Por la noche, el hasta entonces titular de Defensa, Luis Arroyo Sánchez, ocupó el citado cargo.

Preguntado al día siguiente por el cese abrupto de la hoy ex-PCM, el mandatario respondió: “yo puedo cambiar a cualquier ministro. El tema puntual es que tenemos que darle más fuerza al problema de la inseguridad ciudadana”. Esta última frase resulta contradictoria, toda vez que una semana antes se aprobó y presentó públicamente el Plan Nacional de Seguridad Ciudadana (que venía elaborándose con José Jerí).

Hay más. Luego de dos días, el jefe de Estado reconoció sin tapujos su inquebrantable amistad con Vladimir Cerrón, no importándole la condición de prófugo del exgobernador regional de Junín, mostrándose a su vez dispuesto a dialogar con él.

Estas temerarias decisiones del octogenario gobernante demuestran arrogancia de un hombre de izquierda (sí, la misma actitud beligerante que la tuvieron Pedro Castillo, Susana Villarán o Gregorio Santos, entre otros) que ofrecieron trabajar por los más pobres y en el marco de la Constitución y la ley; aunque, encumbrados en el poder, hacen gala de arrogancia y desprecio por nuestra democracia. Advertidos estamos para este 12 de abril.

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