POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS
INCLINACIÓN POR ESCAPAGUA
El nuevo virrey, don Francisco de Borja y Aragón, al contraer matrimonio con la princesa de Esquilache se convierte en el príncipe consorte, de tal suerte que fue conocido como príncipe de Esquilache. Arribó a Lima el 18 de diciembre de 1615 y ejerció el cargo hasta el 31 de diciembre de 1621. Por su afición a los versos fue llamado el virrey poeta.
No conocemos de nuevos escritos ni testimonios que se hayan elevado durante su gestión virreinal sobre la deseada fundación de la villa, pero del entorno palaciego debió trascender que todo parecía indicar que el nuevo virrey había sido convencido por los ruegos de los vecinos de Escapagua para favorecerlos, y que se había inclinado por este pueblo. Decisión estimada como inminente y se esperaba fuera oficializada en cualquier momento.
PROTESTA MOQUEGUANA
Los trascendidos pronto llegaron a oídos de los moqueguanos, y en 1618 Juan Rodríguez de Ves, vecino y heredado en el valle de Moquegua, da poder a don Pedro de Montalvo, su cuñado, vecino de este valle, para que viaje a la Ciudad de los Reyes y «en mi nombre pueda parecer ante el señor virrey de estos reinos y audiencias reales y ante el corregidor de este partido y su teniente y otras cualesquier justicias y jueces de su majestad», y haga «todo tipo de contradicciones a la nueva población que se pretende hacer en este valle en el asiento de Escapagua del valle de Cochuna».
Le pide haga los requerimientos y protestas que sean necesarias; presente alegatos invocando «las causas y razones que hay y los grandes daños e inconvenientes que se seguirían de hacer tal población» en Escapagua; además, que informe sobre el manifiesto agravio y perjuicio que ello acarrearía en las haciendas, a los vecinos, a los indios y españoles de este valle, de modo que trate y alegue que no se lleve a cabo la fundación en el lado Cochuna como, al parecer, se pretendía.
Don Pedro Montalvo en 1611 fue proveído por el maestre de campo don Pedro Mena de Barrionuevo, gobernador de Chucuito, como su lugarteniente en el valle de Moquegua y pueblo de Torata, porque en Moquegua «asisten muchos españoles hacendados en él y muchos indios, mestizos, mulatos, negros y otras personas, entre los cuales suele haber pleitos y diferencias, además de los pecados públicos y agravios que en él se hacen a los indios naturales, y porque conviene nombrar persona de toda satisfacción y confianza». Sale como su fiador Andrés de Espinoza, connotado vecino del lado Cochuna. Amigable relación entre vecinos de pueblos diferentes que empezaban a enfrentarse.
Ese mismo día, Francisco José Corço, igualmente vecino y heredado en el mismo valle de Moquegua, otorga poder a Alonso Esteban «para que en mi nombre y representando mi propia persona» se presente ante el virrey, la Audiencia y demás autoridades necesarias, reitera en los grandes inconvenientes que seguirían si se lleva adelante la fundación de la villa «en la parte de Cochuna que llaman Escapagua», por falta de agua que se había de consumir en la población por no tener vertientes al río.
PROCEDER INSÓLITO
No deja de extrañar que sean dos vecinos quienes, de manera individual y concertada, el mismo día gestionen ante las máximas autoridades virreinales para oponerse a la fundación de la villa en Escapagua, y no sean todos los heredados en su conjunto, tal como lo hicieron en las ocasiones anteriores.
Más extraño es que Francisco José Corço, nacido en Calvi, en Córcega, vecino y hacendado en Moquegua en esta época, años atrás, en 1599, pretendió casarse con Clara de Arana, hija de Hernán Bueno de Arana, influyente y notable vecino del pueblo rival de Escapagua, quien prometió entregarle como dote, para ayudarlo en las cargas del inminente matrimonio, mil botijas de vino de su afamada bodega de Escapalaque, valorizadas en mil pesos; promesa de dote que fue hecha públicamente, con todas las formalidades acostumbradas, ante el notario.
El anunciado y a voces concertado como «próximo matrimonio», por razones que no fueron dadas a conocer, no se realizó; es más, doña Clara terminó contrayendo ventajoso enlace con el ilustre y respetado don Diego Fernández de Córdova, que sí era heredado en Cochuna.

