POR: ENRIQUE RIVERA S. [PERIODISTA COLEGIADO]
Y como siempre, haciendo algunos alcances que no me cansaré de señalar como preámbulo en mis notas periodísticas: “Mollendo debe hacer justicia con los hombres que supieron dar brillo y que su luz nunca se apague, y que su mérito quede grabado en el fuerte acero para perennizarlo y no escrito en la fina arena, para que el viento se encargue de ponerlo en el olvido. Dale tú solo una cosa: constante recuerdo para el ejemplo de tus hijos”.
Comencemos. Don Luis Alberto Briceño Jiménez viaja a Arequipa y Lima, donde realiza sus estudios profesionales y luego de graduarse obtiene el título como Doctor Farmacéutico. Regresa a Mollendo, donde instala y pone en funcionamiento la llamada “Botica Cosmos”, ubicada en la calle Comercio N.° 170.
Ha sido un profesional trabajador y honorable, siempre caballero y noble amigo. En todo momento ha sido realmente una persona ejemplar.
Se casó con la dama señora Clelia Treviño. Procrearon tres hijos: Alberto, Percy y Nelly, constituyendo un hogar respetable y digno de la sociedad. (La Sra. Clelia fue regidora de la Municipalidad Provincial de Islay).
La labor de Alberto y Clelia, en relación con el trabajo que realizaron referente al comercio, fue excelente; pero lastimosamente no pensaron en amasar fortuna económica. Como generalmente sucede, lo hicieron por servir al pueblo y a su comunidad. Atendían gratuitamente a las personas denominadas pobres y vulnerables y hasta les proporcionaban medicinas para sus tratamientos, sin costo alguno.
Si pensamos en los años anteriores a 1959, no existían centros de salud suficientes; debemos imaginarnos que, si hubieran actuado como otros, cuánto dinero hubiera obtenido.
En el año 1959 falleció Luis Alberto Briceño Jiménez, cuyo deceso conmovió a todos los que lo trataron y conocieron, es decir, a todo el vecindario, sin excepción.
El sepelio fue una manifestación de duelo multitudinario como no se ha visto sino en excepcionales oportunidades. Autoridades, instituciones, congregaciones religiosas, obreros, profesores, escolares, empleados y funcionarios participaron en las exequias. Fue conducido siempre sobre hombros de sus amigos durante todo su largo recorrido.
Mollendo, con la nobleza que lo distinguía en ese entonces, rindió un póstumo homenaje a quien por mil títulos era acreedor a ello, porque las virtudes y cualidades excepcionales de Luis Alberto Briceño, en su larga permanencia en el puerto, fueron reconocidas en todo momento y particularmente cuando se requerían sus servicios de farmacéutico para las clases sociales menos favorecidas económicamente.
Es necesario aclarar que, según investigaciones personales, he podido confirmar que Luis Alberto Briceño Jiménez nació en Moquegua, radicándose en Mollendo desde muy joven. Fue trabajador y honorable, siempre caballero y noble amigo; en todo momento fue realmente una persona ejemplar.

