POR: FREDDY ROQUE OROVILLA
La reciente mesa técnica sobre el proyecto integral de agua potable para la provincia de Islay, promovida por el presidente de la Asociación de Urbanizaciones Populares de Islay (AUPI) en coordinación con el congresista Esdras Medina —ambos militantes de Renovación Popular— ha vuelto a colocar en el debate público una demanda histórica: el acceso seguro y sostenible al agua para consumo humano. No obstante, el contexto en que se desarrolla esta iniciativa, así como las declaraciones de algunos participantes, permiten advertir que junto a la legítima preocupación social existen evidentes intereses políticos, en un escenario marcado por la cercanía de las elecciones presidenciales, senatoriales y de diputados.
ANTECEDENTES DEL PROYECTO
El proyecto tiene antecedentes que no pueden ignorarse. Se gesta en 2016, cuando se firma un convenio entre el Ministerio de Vivienda y la empresa Southern Perú para realizar estudios que permitirían captar agua del río Tambo. Sin embargo, el proceso se vio rápidamente entrampado por diversos obstáculos: la falta de saneamiento de las propiedades privadas por donde debía pasar la línea de conducción y, sobre todo, la mala calidad del agua del río, afectada por niveles de boro y arsénico que superan los límites permitidos. Estas dificultades hicieron inviable el estudio, que fue abandonado y cuya anulación formal por parte de la empresa aún sigue pendiente.
AGUA DEL RÍO CHILI
En la mesa técnica actual, Sedapar propuso una alternativa distinta: captar agua del río Chili y descartar la ósmosis inversa para optar por una planta de tratamiento convencional. Esta propuesta aparece como una opción técnicamente más realista. Sin embargo, la ingeniera Ada Pérez realizó una observación crucial: si no se resuelve previamente el problema de las propiedades por donde pasará la línea de conducción, este nuevo proyecto podría fracasar exactamente por las mismas razones que el anterior. La advertencia evidencia una persistente falta de previsión.
NO SE HABLÓ DE LA REPRESA
Más preocupante aún es lo que no se discutió. Una solución verdaderamente integral para Islay pasa por la construcción de una represa, o un sistema de represas, que garantice agua suficiente y sostenible, priorizando el consumo humano. Este enfoque estructural estuvo ausente en la mesa técnica, revelando una limitada visión de largo plazo.
SOLO DOS ALCALDES
La escasa participación de autoridades locales refuerza esta preocupación: solo dos de los seis alcaldes de la provincia estuvieron presentes. Esta ausencia refleja problemas de liderazgo y coordinación, alimentados además por la persistente sospecha de que estos proyectos podrían beneficiar también a Southern Perú, particularmente para la operación de Tía María, un tema que no fue aclarado con transparencia.
SESGO POLÍTICO Y ELECTORAL
Desde esta redacción consideramos evidente el sesgo político de la mesa técnica. El presidente de AUPI integra el comité provincial de Renovación Popular, al igual que Esdras Medina, hoy candidato a diputado. A ello se suman declaraciones de un miembro del directorio de Sedapar y de otros participantes que, de manera poco técnica y abiertamente proselitista, destacaron la conveniencia de la continuidad política del congresista para garantizar el proyecto.
Cuando una necesidad básica como el agua se convierte en plataforma electoral, el riesgo es evidente: se privilegian los cálculos políticos sobre las soluciones reales. Islay necesita agua, planificación seria, liderazgo articulado y transparencia. No más promesas ni mesas técnicas al servicio de intereses electorales.

