martes, 24 de febrero de 2026
  • UDI Unidad de Investigación 969 164 351
  • Central de Noticias 956 424 000
  • Publicidad Edición Impresa 974 466 951

Mejía en la guerra con Chile

Si los historiadores profundizaran más allá de sus prejuicios y rencores, se darían cuenta de las cifras que nos vinculan.

ARCHIVO

- Advertisement -

POR: RODRIGO LLOSA

«Bástame decir que todas las casas de Mejía han sido saqueadas por completo», escribió el coronel peruano Juan Francisco Goyzueta en marzo de 1880. La guerra, el eterno juego de niños que los adultos sofisticamos, comenzó ocho años después de la inauguración del ferrocarril y duró cinco.

Días antes, el chileno Máximo Lira envió una carta a bordo de la famosa fragata blindada Blanco Encalada: «La estación de Mollendo no tiene igual, ni siquiera semejante en ninguna de las de Chile. Sus oficinas son de todo lujo y su maestranza completa; pues bien, de todo eso queda un montón de escombros. El fuego devoró todo lo que pudo; donde el fuego era impotente entraban el combo y la pólvora; donde estos no bastaban, la dinamita hacía terribles estragos. ¡Qué espléndidos e imponentes fuegos artificiales hemos tenido en estos tres días! Penetrando hacia el interior destruimos también la estación de Mejía a nueve millas de Mollendo y la línea con sus terraplenes y cortes en una extensión considerable».

EL EJÉRCITO CHILENO EN MEJÍA

Luego de que soldados y oficiales saquearan e incendiaran Mollendo, el coronel chileno Orozimbo Barboza salió hacia Mejía con un regimiento en la madrugada del miércoles 10 de marzo de 1880. Saquearon las casas y continuaron hacia la estación de la Ensenada, que destruyeron.

Al ver que los tambeños recibían tropas procedentes de Arequipa en tren, decidieron retornar a Mollendo. Ataron ramas a los caballos para que la polvareda aparentara que eran más; ardid usado en la Araucanía. En el camino incendiaron la estación de Mejía y levantaron tramos de rieles para impedir el avance.

REVANCHA DEL MALTRATO

Varias familias chilenas vivían en el sur peruano antes de la guerra. Apenas declarada, Prado, el presidente peruano, los hizo expulsar. Obreros en rubros como el salitre fueron echados a empujones con sus familias. Por supuesto, se enlistaron en el ejército resueltos a vengarse. De ese espíritu estaba integrado el regimiento de Barboza, que no pudo disciplinarlos cuando se alcoholizaron en el Mollendo saqueado.

Sabemos estos datos de expedientes recopilados después de la guerra por historiadores como el chileno Gonzalo Bulnes. El Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, en líneas generales, coincide.

LA ACCIÓN DE CHULE

Tiempo después, un escuadrón chileno retornó a querer tomar el Valle de Tambo. En los alrededores de la quebrada se libró la batalla de Chule, donde fallecieron cuatro tambeños y dos húsares de Junín. Algunos agricultores mejianos cuentan haber encontrado casquetes y haber escuchado de hallazgos de uniformes enterrados en una pampa que, luego de la irrigación, pasó a ser tierra de cultivo.

Los libros militares tienen buena cantidad de datos sobre lo que sucedió en Mejía, pero, como en toda guerra, las cantidades y secuencias son difusas. Se habla de reuniones en Cahuintala, que algunos mensajeros dormían en Carmona, centinelas que rotaban provenientes de Tambo, y que hubo algunos presos peruanos como chilenos.

BEDOYA Y LÓPEZ DE ROMAÑA

Es concreto que la columna de Mollendo, con pescadores y trabajadores portuarios, fue dirigida por el empresario Mariano Bedoya, misma que se juntó con la del Valle de Tambo, organizada con agricultores por el dueño de la hacienda Chucarapi, Eduardo López de Romaña. Ambos fueron nombrados jefes militares por las circunstancias.

Edilberto Zegarra Ballón apuntó que Romaña llegó a dirigir 1500 hombres, 200 de ellos armados. Quien llegaría a ser presidente del Perú dispuso un servicio permanente de 25 como contención en Mejía, donde su padre tenía casa de playa en el malecón.

SOBRE MOLLENDO

La soldadesca chilena saqueó los almacenes y se embriagó; robaron, golpearon, violaron e incendiaron lugares como la iglesia. Debido a ello, la cúpula del ejército chileno enjuició a cuatro oficiales y a un capitán que permitieron la indisciplina.

Al respecto, el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna escribió en 1893: «La historia, para ser tal, para merecer su nombre y servir de enseñanza a los pueblos, tiene que ser inexorable en su exposición como en sus fallos. Y concebida así, la expedición de Mollendo no fue solo un grave error militar, sino una vergüenza para nuestras armas».

Chile conocía bien los datos y números del sur del Perú; prueba de ello es un estudio detallado de Islay en El Diario Oficial impreso en Santiago el 28 de mayo de 1879. Saber siempre trae ventajas.

ANTECEDENTES DEL CONFLICTO

Me animo a decir que tenemos rivalidad y parentesco con Chile desde antes de la conquista. En el virreinato se hace más claro; en la república, evidente. La primera guerra que tuvimos con nuestros vecinos y parientes trajo enfrentamientos gruesos en Islay entre 1837 y 38 en el marco de la Confederación Boliviana Peruana.

Si los historiadores profundizaran más allá de sus prejuicios y rencores, se darían cuenta de las cifras que nos vinculan. Lo trabajaré más adelante.

Antes quiero dejar dicho que, a partir de 1869, cuando el Estado peruano contrató a Henry Meiggs para construir el ferrocarril de Arequipa, llegaron cientos de obreros chilenos que tenían experiencia en la construcción de vías, cuya mano de obra era considerada barata entonces.

Como hoy le ocurre a los venezolanos, estos trabajadores solían ser ninguneados y muchos fallecieron por malas condiciones laborales y epidemias, junto a lo peor: falta de agua en la ruta. Algunos se quedaron en Mollendo; otros serían los que retornarían con la guerra trayendo ánimo de malograr el proyecto que mató a los suyos. De paso, maltratar a quienes se burlaron de ellos.

La historia siempre trae mensajes entre líneas, apreciado lector.

LO ÚLTIMO