POR: GUSTAVO PINO ESPINOZA
El escritor y periodista cultural Bryan Paredes publicó en 2023 el libro «Infancias», que el año pasado conoció una reimpresión bajo el sello de Dendro Ediciones. Lo conseguí justamente ese mismo año, en la Feria Internacional del Libro de Lima, con un texto de entrada que —como no podía ser de otra manera— lleva la firma del siempre certero Orlando Mazeyra, titulado «Distintas formas de (de)crecer».
Los cuentos están atravesados por una tensión narrativa propia y heredada del periodismo. Bryan explora la educación simbolizada en un objeto: una regla. Una regla que busca, que golpea, que se impone, y que se va desenvolviendo como una trama de estímulos incitantes para encasillar el discurso. Pero los relatos también son una paloma como metáfora, sus ojos atentos, la infancia derruida por una vida atroz, el despertar de una mente que nos cambia para siempre.
Infancias explora el despertar sexual, la desaparición repentina, las preguntas que no se hacen, los rastros perdidos de la memoria. La violencia juvenil aparece en contextos urbanos marcados por el caos de una Lima migrante, donde los niños se hacen hombres —o dejan de ser infantes demasiado pronto— a través de puños, de la ley del más fuerte. La calle es una selva de cemento: caos urbano, necesidad, malas decisiones, venganza.
La muerte y sus inevitables misterios recorren los relatos con la misma cercanía que la vida. La desilusión amorosa, el amor roto en un instante, la pérdida súbita. La muerte otra vez, y el caos persistente de la existencia. Los silencios narrativos funcionan como una herramienta clave para dar paso a la interpretación del lector, verdades soterradas que empujan el desarrollo de la trama y completan el sentido desde lo no dicho.
Hay también una radiografía incómoda de aquello que nos identifica como sociedad: la viveza carroñera, esa astucia mal entendida que termina haciéndonos tanto daño como país. El sentido de pertenencia y, a la vez, la urgencia de sentirse dueño de las propias facultades y sentimientos; la necesidad de volcar la mirada hacia el interior, ese proceso introspectivo indispensable para seguir adelante.
La corrupción normalizada atraviesa el trasfondo de los relatos. El cinismo de un sistema podrido frente a la ignorancia, la indiferencia y, finalmente, la resignación. En ese escenario, a veces solo queda afrontar la muerte con un cuchillo entre los dientes. Así son los relatos de Bryan: ásperos, directos, sin concesiones.
Infancias habla del impacto de la vida, de aquello que realmente importa. El amor de un padre, una última conversación que marca —paradójicamente— un destino, un final. Porque crecer, en estos cuentos, es un tránsito tormentoso, pero, también, una forma de resistencia.

