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Cuando la ilegalidad se convierte en tragedia

En distintas regiones del país, la minería ilegal también opera al margen de la ley, sin fiscalización ni estándares mínimos de seguridad, exponiendo a miles de trabajadores a riesgos similares.

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Más de 200 víctimas mortales se registran luego del colapso de una mina ilegal de la República Democrática del Congo. Las intensas lluvias y la falta de controles en la construcción de la operación habrían sido las causas de esta tragedia.

Entre 2024 y 2025, el Perú dejó de ser el segundo productor mundial de cobre y cedió su lugar a la República Democrática del Congo (RDC), esto debido a la puesta en marcha de nuevos proyectos y sus operaciones de alta ley. Sin embargo, el impulso minero en este país de África no se ha caracterizado por indicadores de sostenibilidad y operaciones con estándares de clase mundial.

Este viernes 30 de enero se confirmó lo que podría ser la mayor tragedia minera en esa parte del mundo: el colapso de una mina ilegal de coltán en Rubaya, al este de la República Democrática del Congo.

La mina se ubica en un territorio controlado por el grupo paramilitar rebelde M23 desde 2024, que ejerce dominio sobre la región y sus recursos minerales. Diversas fuentes indican que habría entre 200 y 400 fallecidos, ya que varios cuerpos aún no han sido rescatados. Además, se han reportado varias decenas de heridos que fueron rescatados durante el fin de semana.

Testimonios de mineros locales advierten que la extracción se realiza sin medidas de seguridad, con cientos de mineros trabajando simultáneamente en túneles interconectados, sin protocolos de seguridad, equipos de protección ni supervisión técnica.

La precariedad en esta operación y la falta de controles operativos habría sido la principal causa de este colapso ante la intensa temporada de lluvias. Así, la minería ilegal evidencia una vez más su rostro más cruel: operaciones sin fiscalización y sin el más mínimo resguardo para quienes trabajan en ellas.

El M23 ordenó suspender la actividad minera en Rubaya, reubicar a pobladores cercanos y cubrir los costos médicos de los heridos; también restringió el acceso a mujeres embarazadas y niños. Rubaya aporta alrededor del 15 % del coltán mundial; la RDC concentra cerca del 40 % de la producción global, clave para la industria tecnológica y aeronáutica. Sin embargo, esta producción se sostiene en la ilegalidad, generando un costo humano altísimo.

El coltán es un mineral muy valioso en la actualidad. Este nombre proviene de la abreviatura de columbita-tantalita, que contiene niobio y tantalio, esenciales para la tecnología moderna por su alta capacidad para almacenar carga eléctrica y resistir altas temperaturas, siendo crucial en la fabricación de condensadores para móviles, ordenadores y otros dispositivos electrónicos, aunque su extracción en lugares como el Congo ha sido vinculada a conflictos y violaciones a los derechos humanos.

La ONU denunció que el M23 impone impuestos al comercio de coltán. Pese a acuerdos diplomáticos entre el Congo y Ruanda, y negociaciones en curso, la violencia continúa en el este del país. El conflicto prolongado en la región ha provocado más de 7 millones de desplazados, consolidando una de las mayores crisis humanitarias del mundo.

Aunque esta tragedia ocurrió a miles de kilómetros del Perú, sus causas no son ajenas a nuestra realidad. En distintas regiones del país, la minería ilegal también opera al margen de la ley, sin fiscalización ni estándares mínimos de seguridad, exponiendo a miles de trabajadores a riesgos similares. Una tragedia de esta magnitud podría repetirse en territorio nacional. El caso del Congo evidencia la magnitud del problema y, con ello, la urgencia por actuar al respecto.

Tragedia mina ilegal de coltan en Rubaya Congo 2 scaled La Prensa Regional

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