miércoles, 4 de febrero de 2026
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La fundación española de Moquegua – VI

El pedido que hacen denota un deseo claro y manifiesto de todos los pobladores del valle, de una y otra banda, expresado en este acuerdo que elevan al virrey, de unirse en el pueblo de Moquegua, unificando todo el valle e incluir al puerto de Ilo por lo cercano y siempre bajo la protección de los vecinos, especialmente cuando era asolado por los piratas y debían acudir prestos en su auxilio, y ahora reunidos pasar bajo la autoridad de la Audiencia de Lima.

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POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS

El valle de Moquegua se convirtió en un lugar muy estimado donde los españoles pugnaban por tener sus haciendas. Paulatinamente, familias de rancio abolengo fueron asentándose y desarrollaron la industria vitivinícola. La vida giraba en torno a la producción de la uva, a la elaboración del vino y su comercialización, que resultaba más rentable que el trigo y la caña de azúcar.

Que pueblos tan cercanos, entrelazados familiarmente, compartiendo un estrecho valle, los mismos cultivos e intereses, fuesen administrados por autoridades distintas, no era lo más aconsejable. En 1598 decidieron unirse fraternalmente en Moquegua y hacerse recíprocas concesiones. Acordaron incorporarse a la Audiencia de Lima, lo que significaba que los vecinos de la banda sur se separaban de Charcas, en una convivencia que duró poco más de una década, cuando volvieron a separarse en medio de una reinante armonía.

PRIMEROS ACUERDOS PARA LA FUNDACIÓN DE LA VILLA

Durante el siglo XVI, el desarrollo de la población española en ambos parajes fue muy lento, apenas significativo. El exitoso cultivo de la vid y la posterior comercialización de un vino que, por su calidad, era cada vez más reclamado, llevó a “los vecinos y heredados y habitantes en este valle de Moquegua y Cochuna”, ubicados frente a frente, a un lado y al otro de un río que era infranqueable en los meses de verano, el resto del año convertido en un apacible riachuelo cuyas aguas, admirablemente aprovechadas, llevaron al valle a un aumento, a una sostenida prosperidad y crecientes intereses, que alentó a los vecinos en 1611 a solicitar al virrey, de manera conjunta, por medio de un formal compromiso escrito, firmado solemnemente por la mayor parte de los vecinos ante el notario, “nos mande poblar y haga las mercedes que se conceden a los nuevos pobladores”.

DUDAS E INCERTIDUMBRES

Es posible que luego de la armoniosa separación no se hubiera decidido el lugar preciso donde se debía hacer la fundación. Así se desprende de la declaración que hace Diego Fernández Maldonado, vecino de Moquegua, cuando otorga su testamento en 1605, donde hace constar que funda una «capellanía en la iglesia de Santa Catalina de este valle y pueblo de Moquegua, y si se traslada la iglesia o se hiciese pueblo de españoles en otra parte, se muden sus huesos y la capellanía a la iglesia que así se hiciese». Inseguridad que compartía Pedro de Guevara en 1605, cuando funda una capellanía y patronazgo que se va a edificar juntamente con la iglesia de Moquegua, por haber caído en el terrible terremoto de 1604. Al designar al patrón de la citada capellanía, hace la salvedad de «que en el inter que no se poblase este dicho valle y poblado lo sean la justicia y regidores del». Es evidente y manifiesta la duda de dónde debía estar la población principal.

Es indudable que había incertidumbre y duda respecto a dónde debía estar la población y su templo, cuya fundación se anhelaba.

AMIGABLE COMPROMISO NOTARIAL

Sin embargo, no tardan en llegar a un acuerdo. Los vecinos de ambos pueblos, el de San Sebastián de Escapagua y el de Santa Catalina de Moquegua, en medio de la mayor cordialidad, firman un acuerdo en 1611 que se lo envían al virrey, pidiendo que la población se ha de hacer y fundar en el mismo pueblo de Moquegua… que se les dé seis leguas de jurisdicción, como era de estilo, y por la parte de la mar lo que hay hasta el puerto de Ilo, que es ahora de la jurisdicción de Arica.

El pedido que hacen denota un deseo claro y manifiesto de todos los pobladores del valle, de una y otra banda, expresado en este acuerdo que elevan al virrey, de unirse en el pueblo de Moquegua, unificando todo el valle e incluir al puerto de Ilo por lo cercano y siempre bajo la protección de los vecinos, especialmente cuando era asolado por los piratas y debían acudir prestos en su auxilio, y ahora reunidos pasar bajo la autoridad de la Audiencia de Lima.

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