jueves, 29 de enero de 2026
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La ciudadana, no es la única inseguridad que padecemos

¿Acaso no existen otras situaciones que también nos hacen sentir inseguros y de las que se debería hablar más?

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POR: ANDY PHILIPPS ZEBALLOS

Según diversos estudios de opinión, la “inseguridad” es señalada como el principal problema del país. Las imágenes de asaltos, homicidios y sicariato son pan de cada día en la televisión nacional y han posicionado el tema como el “más importante” de la agenda pública y, cómo no, de la campaña electoral.

Pero a mí lo que me asaltan son dos preguntas: ¿se condice esa sensación con la estadística oficial de criminalidad?, y ¿acaso no existen otras situaciones que también nos hacen sentir inseguros y de las que se debería hablar más?

DESMINTIENDO A JOSÉ JERÍ

El pasado 22 de enero, el señor que ocupa el sillón presidencial presentó los datos oficiales de criminalidad del 2025 en un tono celebratorio y optimista con la “desaceleración del crimen” en el IV trimestre del año pasado. Sin embargo, los datos muestran una cruda realidad: el Perú ha alcanzado en 2025 la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes de 10,7, la más alta de las últimas décadas.

No obstante, en la costa sur del país esta tasa se encuentra por debajo del promedio nacional. Véase Arequipa con 9,2; Moquegua con 6 y, en el último lugar de este negativo ránking, se encuentra Tacna con una tasa de homicidios de 3,3.

Así, si bien la tasa nacional de homicidios ha aumentado respecto de los últimos años, este incremento ha sido más pronunciado en Lima-Callao, las regiones de la costa norte y Madre de Dios. No obstante, el aumento del miedo a la calle es palpable a nivel nacional, máxime cuando se asocia con la xenofobia; pero ¿qué pasa con los otros miedos?

¿Te da más miedo que te roben el celular o quedarte sin trabajo? Si tuviéramos que definir qué es vivir seguro, seguramente responderemos que vivir sin miedo. Sí, sin duda vivir sin miedo a que te roben en cualquier cruce de avenidas o que asalten tu casa mientras no estás en ella. Pero también vivir sin miedo a quedarte sin dinero a fin de mes, a enfermarte o no poder pagar el préstamo para tu casa.

Aunque en las últimas dos décadas el concepto de “seguridad” se ha comenzado a asociar más a “ciudadana”, entendida popularmente como el riesgo de sufrir un robo en la calle o en casa, durante buena parte del siglo XX en América Latina la seguridad estaba asociada sobre todo a la seguridad social (salud, pensiones, empleo), laboral e incluso económica.

El temor era quedarse fuera del sistema: enfermar, envejecer, perder el trabajo; lo que exigía un Estado fuerte, predecible e incluyente que hiciera frente a esos riesgos estructurales. La inseguridad era, en esencia, social.

INSEGURIDAD SOCIAL, INSEGURIDAD INTEGRAL

El problema de la inseguridad, por tanto, se redujo al riesgo de afectación de la propiedad privada y ya no exigía un Estado social e inclusivo, sino uno de mano dura. Una noción que emerge con fuerza en los años noventa, impulsada por la influencia de organismos internacionales como el BID y el PNUD, el creciente protagonismo de las municipalidades en la gestión del orden urbano y por los procesos de reforma policial desarrollados en contextos postautoritarios.

Este entendimiento reduccionista (y conveniente para algunos) de la inseguridad tiene el altavoz de los medios de comunicación funcionales y propiedad del poder, que lograron desplazar el foco de los problemas propios de un Estado ilegítimo, ausente y excluyente, hacia un problema de “falta de autoridad” y “sanciones no lo suficientemente duras”.

Para terminar, debo decir que, si bien existe una sensación fundada de mayor probabilidad de sufrir un robo, en la calle y en los barrios se tiene más miedo a sumarse a una protesta pacífica, a que la universidad suba arbitrariamente la pensión, a envejecer sin jubilación o a no encontrar un trabajo mínimamente decente una vez termine uno de estudiar.

Desde el sur del Perú afirmamos que, en un país grande y rico, se puede y se debe garantizar una vida sin miedo para todos y todas, y que no habrá seguridad integral si no expulsamos antes al crimen de las instituciones.

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