martes, 27 de enero de 2026
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J. J. Maldonado y el vicio de escribir

Por eso pienso en Ignacio Expósito. Ese personaje que me reemplaza cuando la vida se vuelve tediosa y abrumadora. Maldonado escribe para lectores así.

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POR: GUSTAVO PINO ESPINOZA

Leí «E-mails con Roberto Bolaño» (Seix Barral, 2025), de J. J. Maldonado, desde un lugar personal. Hace unos meses, J. J. me envió el libro con una dedicatoria breve: “[…]estas correspondencias que nacen de nuestro vicio propio: la literatura”. Esa frase fija el punto de entrada. El libro se mueve ahí. En el vicio. En la insistencia. En la escritura como hábito.

El volumen reúne relatos construidos a partir de correos, archivos y mensajes desplazados. Historias que avanzan sin ornamento. Siento —con temor a equivocarme— que la presencia de Roberto Bolaño opera como una figura omnisciente. Ordena de forma indirecta el tono de los distintos narradores y de sus respectivos doppelgängers. Contamina las voces. Activa una serie de obsesiones. Maldonado dialoga con esa figura lumpen y sin impostura.

Los tres primeros relatos sostienen la estructura del conjunto. Ahí se define el ritmo. Ahí se fijan los temas. Escritura como vida paralela. Correspondencia como gesto incompleto. Archivo como espacio narrativo. Lo que sigue deriva de ese núcleo. Cada relato amplía el campo. Ninguno se desvía.

Los personajes escriben porque no saben detenerse. No buscan respuestas. Buscan continuidad. Son escritores, lectores, intermediarios. Viven en tránsito. Ensayan versiones de sí mismos que solo existen mientras se escriben. La literatura aparece como un territorio inestable, pero habitable. Precisión constante. No hay exceso. El conflicto se filtra. Los silencios pesan más que las explicaciones. Los correos importan tanto por lo que dicen como por lo que callan. El libro confía en el lector.

Una operación se repite a lo largo del volumen: la duplicación. Los personajes se reflejan. Cambian de nombre. Reaparecen. El doppelgänger atraviesa el libro como método narrativo. Cada texto parece escrito desde una identidad desplazada. La escritura funciona como forma de suplantación.

Por eso pienso en Ignacio Expósito. Ese personaje que me reemplaza cuando la vida se vuelve tediosa y abrumadora. Maldonado escribe para lectores así. Gente que habita la literatura como espacio alterno. Como extensión de una vida que no siempre alcanza.

Los relatos finales amplían el mapa. Aparecen trayectorias truncas. Proyectos fallidos. Correspondencias que se pierden. Correos enviados de madrugada. El e-mail registra el deseo de contacto y su desgaste. Todo queda archivado. Poco se resuelve.

El libro dialoga con una tradición reconocible. Borges. Piglia. Vila-Matas. Maldonado elige el relato. No teoriza. Deja que la reflexión surja de la escena y del conflicto.

E-mails con Roberto Bolaño avanza sin cierres contundentes. Cada texto queda suspendido. Escribir implica enviar mensajes sin certeza de respuesta. Insistir. Volver a escribir.

El libro entiende algo esencial. La escritura no se vive como gesto heroico. Se vive como costumbre. Como vicio. Como forma obstinada de permanecer.

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