POR: RODRIGO LLOSA
Toda población tiene mitos difundidos. Uno que tiene el balneario de Mejía no es el de la jerga nacional de argollas sociales, sino las que supuestamente se usaron para amarrar botes de barcos antiguos.
¿EXISTEN PRECEDENTES?
El Puerto de Chule existió, está bien documentado en archivos históricos, no es un mito. Sin embargo, se debate en qué parte entre el río Tambo y Mollendo estuvo. Lo iremos desentrañando en próximas entregas.
Un viejo plano del puerto del Callao poco antes del 1700 muestra argollas donde amarraban bateles. Pero hay que hacer distinciones. Los puertos del 1500 eran desembarcaderos simples, sin muelles. Ni Colón ni Pizarro los necesitaron. La segunda generación de españoles aprovechó pequeñas caletas de pescadores nativos. Por supuesto, lo menos distantes a recursos y destinos frecuentes. Recuerde lo que ya expusimos varias veces: Chule da la línea más corta entre el mar y la ciudad de Arequipa.
UBICARSE SIEMPRE ES CLAVE
Puede que haya habido un par de argollas como amarraderos, pero hay que pensar dónde las ubicarían. Los barcos anclaban detrás del tumbo para enviar y recibir botes con gente y mercadería. Hágase una imagen con las fotos de Mollendo del siglo XX: los barcos no ingresaban al muelle.
Conociendo el temperamental mar de Arequipa, que a veces se le olvida que está en el Pacífico, ninguno de nosotros amarraría una chalana en un roquerío como el Tiro Alto o La Isla. Obviamente, el mar lo despedazaría.
NOMBRES ENGAÑOSOS
Que una sola quebrada, la más cercana a Mejía, haya rescatado el nombre de Chule no asegura por sí que el puerto haya estado allí. Puede haber sido un nombre conmemorativo dado siglos luego. Se requiere estudiar y probar, lo cual hice años buscando datos en archivos históricos, pero no le voy a decir todo en un solo artículo porque hay detalles que necesitan espacio.
ARGOLLAS DE LA QUEBRADA DE CHULE
En 1922 hubo una desmotadora de algodón en la finca de Chule y cuatro reservorios de piedra y cemento con molinos de viento. Lo sé porque Gustavo Llosa fue albacea y tasó los terrenos de la quebrada. En 1935, la Sociedad Nacional Agraria publicó un libro llamado “Cómo se produce el algodón en el Perú”. Sobre el valle de Tambo reportaron que la «hacienda Chuli» de Mejía la sembraban con agua del subsuelo. Imprimieron: «antiguamente sus tierras se regaban con agua extraída mediante molinos de viento, cultivándose algodón; hoy todo el paraje está en completa ruina por la absoluta falta de agua para el regadío».
No son las únicas fuentes que hablan del sector; un reporte bancario de mi bisabuelo Jorge Alberto Llosa, administrador del Banco Italiano que luego formaría lo que hoy llamamos BCP, da detalles sobre la propiedad de Carmona (continuidad de Chule) debido a una hipoteca. Si bien mi sangre también le llamó Chuli, en documentos virreinales siempre se escribe con e: Chule.
TAMBIÉN ARQUEÓLOGO
En 2022 fui a excavar la famosa argolla principal con Brian Díaz, experto operario de maquinaria pesada y uno de los propietarios de la quebrada. El elemento se encuentra bastante adentro de la misma quebrada, donde se bifurca hacia el sector de los Vega. La argolla que describió Diego Valero en su libro es casi superficial. Si fuera antigua, estaría enterrada por cuatro siglos de huaycos, lo cual sucedió demostradamente.
TAMBIÉN TOPÓGRAFO
En 2022 realicé mediciones con equipos en decenas de puntos clave de Mejía. Esta argolla estaba a 12 m sobre el nivel de los petroglifos de la Caletilla. Y 7 m también encima de otros restos arqueológicos inéditos. Por conceptos de geología, es imposible que el mar estuviese en ese nivel en el siglo XVI. Los petroglifos y varios otros puntos arqueológicos prehispánicos tendrían que haber estado sumergidos y ya lo dije hace 3 años: nadie pica piedra ni entierra a sus muertos haciendo submarinismo.
¿ENTONCES QUÉ ERAN?
Aunque ya no quedan molinos de viento (salvo uno entre Mollendo y Mejía), la quebrada de Chule conserva los reservorios de piedra y cemento descritos. Hoy la familia Díaz tiene allí más de 20 hectáreas donde cultivan alfalfa y maíz forrajero con agua del canal construido en la década de 1940.
Las argollas pudieron haber sido anclajes o tensores, también puntos para amarrar bueyes de arado o puertas de ingreso como postes metálicos con cadena, etc. Si a alguien no le convenció el camino lógico descrito, que a mí me parece suficiente para descartarlos como amarraderos de botes del 1500, la datación del acero puede ser estudiada en laboratorio. En la PUCP existe el Instituto de Corrosión. Se podría ver también si la base tiene restos de cemento que llega al sur peruano en el siglo XIX.
NOTA PREVISORA
Por experiencia en esto, siempre aparece alguien terco que me dirá: «mi abuelo nunca me habló de eso». 1922 es tres décadas antes de que aparecieran los primeros colonos agricultores de la irrigación. Familias que hoy se dicen antiguas no conocían Mejía entonces.
EL PAN DE AZÚCAR
Era otra argolla que estaba entre la primera y segunda playas. Aún es posible ver el muñón metálico sobre el pico de una roca cuando la zona se desarena. Todos los cerros o montículos con ese nombre se deben a la forma tradicional con que se vendía azúcar en bloques cónicos durante el virreinato. Es lógico que le sonara usual a los hacendados azucareros de Chucarapi que veraneaban en Mejía.
Trinidad Pacheco Andía escribió en 1912 que en esa zona colocaron un cable para que las personas pudieran tomar baños de mar sujetos a este por seguridad. Cable metálico que requería argollas metálicas para su sujeción. Pablo López de Romaña, del grupo mejiano de los Calaveras, nos cuenta que rompieron la argolla del Pan de Azúcar por palomillas.
En las rocas más pegadas al mar hay restos de cemento y madera. Para que no haya nuevas especulaciones, es de un cartel de Coca-Cola de la década de 1980 que felizmente sabotearon los Bedoya, hijos entonces de los mismos accionistas de la bebida en Arequipa. El grupo de los Calaveras, que se siguen reuniendo, fue cosa seria. Aquí les agradecemos por lo último porque si no lo tendríamos arruinando el paisajismo mejiano.

