POR: ANDY PHILIPPS ZEBALLOS (POLITÓLOGO)
La Trampa de Tucídides es un concepto geopolítico que describe la alta probabilidad de guerra que existe cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia establecida y que está inspirado en el historiador griego Tucídides, cuando se refería a Atenas (potencia ascendente) respecto a Esparta (potencia establecida).
Graham T. Allison utiliza este término para explicar que la tensión entre EE. UU. y China está en aumento y acabará en una gran confrontación.
Por otro lado, sabemos que el pasado 3 de enero el ejército estadounidense bombardeó Venezuela, el país con las reservas petroleras más grandes del mundo, secuestrando a Nicolás Maduro y dejando más de 40 muertos entre civiles y militares.
También conocemos que, si bien Maduro ha liderado un gobierno autoritario y es acusado por violaciones a los derechos humanos, la agresión no está motivada ni relacionada con un cambio de régimen en el país, ni mucho menos —como ha reconocido el Departamento de Justicia de EE. UU.— con la pertenencia del expresidente al “Cartel de los Soles”.
Entonces, ¿a qué se debe la injerencia de los EE. UU. en Venezuela y cómo se relaciona con la disputa por la hegemonía?
¿QUÉ ES LA HEGEMONÍA?
Hablando en plata, hegemonía es cuando uno manda y los demás juegan con sus reglas, no solo porque tiene más dinero o poder, sino porque logra que eso se vea como “lo normal”. Esta posición, desde mediados del siglo XX, la ha ocupado los EE. UU. Pero esto no siempre fue así.
Se podría decir que, desde que vivimos tiempos mundializados, es decir, finales del siglo XV, los imperialismos europeos dominaron la vida económica, política, cultural y social del mundo. ¿Y antes qué?
En lo que a “Euroasia” respecta, era China quien ocupaba una posición preponderante, ya que mientras tenía mercados nacionales, ciudades de 1 millón de habitantes, dinero fiduciario y la tecnología más avanzada, en Europa aún vivían en economías feudales.
Es decir, China fue económicamente superior a Europa hasta el siglo XVII y, al menos, comparable durante el siglo XVIII. Hoy, la historia parece recolocar a China en un lugar central. En esa línea, economistas como Justin Yifu Lin, ex economista jefe del Banco Mundial, han vaticinado que la economía china superará a la estadounidense en 2035.
CHINA ESTÁ DE VUELTA
Más allá de los aciertos y desaciertos del Partido Comunista Chino, vamos a dar algunos datos que describen bien el ascenso del país asiático y quizá el porqué es percibido como una inminente amenaza para la hegemonía estadounidense:
Economía: de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en tan solo 30 años China pasó de ser la duodécima economía a la segunda más grande del mundo en términos de PIB total y lidera el crecimiento entre las economías grandes.
Lucha contra la pobreza: de acuerdo con el Foro Económico Mundial, en 1978 más del 80 % de la población vivía bajo la línea internacional de pobreza. Hoy, según fuentes oficiales chinas, la pobreza extrema se ha erradicado, mientras que fuentes menos halagüeñas afirman que alrededor de un 10 % de su población se mantiene por debajo de esa línea.
Innovación tecnológica: si bien en los años 80 China era uno de los mayores centros de fabricación de las marcas occidentales, hoy no solo fabrica, sino diseña y distribuye. Tanto así que, desde 2023, China es el principal exportador de autos eléctricos y mayor productor, entre otros, de trenes de alta velocidad y smartphones del mundo.
Comercio exterior: mientras que en los años 80 China era el principal socio comercial de unos pocos países asiáticos, hoy es el principal socio comercial del mundo.
AMÉRICA LATINA COMO MEDIO, PRESERVAR LA HEGEMONÍA COMO FIN
China es el principal comprador de petróleo, minerales, soja y materias primas en general de Sudamérica y ha realizado importantes inversiones en telecomunicaciones, carreteras y puertos como el de Chancay, al norte de Lima. Recordemos, además, que minerales clave para la transición energética y la producción de baterías eléctricas como el cobre y el litio, así como la “despensa del mundo”, se encuentran en tierras latinoamericanas.
Dato no menor. De acuerdo con Telesur, un día antes del bombardeo, Nicolás Maduro recibió a Qiu Xiaoqil, enviado especial del presidente de China, Xi Jinping, con el objetivo de “(…) consolidar el nuevo orden mundial multipolar”.
En política exterior, como en la vida, no existen las casualidades.
Para los EE. UU., nuestra región y sus recursos naturales son fundamentales para conservar el liderazgo tecnológico-productivo, y ha demostrado estar dispuesto a violar el derecho internacional para defender lo que consideran suyo según la doctrina Monroe: “América Latina como su patio trasero”.
Así las cosas, queda claro que EE. UU., amenazante y criminal, apuesta por un mundo unipolar, mientras que China, al menos en su discurso oficial, apuesta por uno multipolar con los BRICS como bandera. ¿Y América Latina —y, por extensión, Perú— dirá algo o seguirá subordinada?

